Aullidos


De <a href=”//commons.wikimedia.org/wiki/User:Arturo_de_Frias_Marques” title=”User:Arturo de Frias Marques”>Arturo de Frias Marques</a> – <span class=”int-own-work” lang=”es”>Trabajo propio</span>, CC BY-SA 4.0, Enlace

Me contaron mis amigos que una vez que escucharon -desde la “comodidad” de sus tiendas de campaña, en la Sierra de la Culebra, los aullidos de uno o varios lobos… y se quedaron tan mudos y llenos de miedo atávico como se quedaría cualquiera de nuestros remotos antepasados medievales o cazadores-recolectores en el mismo momento.

Yo nunca los he visto. Tampoco he campeado tanto como lo que hacían mis amigos -apenas un poco por allí a la busca de la berrea del ciervo, y otro poco algo más allá, a la busca de restos prehistóricos humanos-, ni como lo que relata con brio y pasión este blog que recomiendo a todos los que aman la naturaleza más que yo, que no aguanto la subida de una puñetera cuesta con el asma, los kilillos y el pasito corto (descontamos la inseguridad en la medida de distancias cuando hay que abrir el compás).

Lo he dicho, no soy especialmente “ecologista”. Pero he sentido ese miedo atávico simplemente mirando la “raya” de un cometa en el cielo, en un olivar cerca del pueblo, aunque estaba muy bien acompañada.

Sentir ese miedo de cuando en cuando es necesario para el alma, ¿saben?

 

 

Poesia robada


(Foto de Suzy Hazelwood en Pexels)

Me estoy aficionando a leer poesía a través de los recortes poéticos que ciertas gentes -unas más cerca de la literatura, otras más lejos- ponen en sus muros feisbukeros. Creo que ya lo he contado.
Hoy (16/2/2021) se produce la triste noticia de la muerte del autor de ésta, un poeta bilingüe español/catalán, premio Cervantes del 2019: Joan Margarit.
Me figuro que a uno le resuenan mejor ciertas palabras o ideas en según qué momentos.

NO TIRES LAS CARTAS DE AMOR
No tires las cartas de amor
Ellas no te abandonarán.
El tiempo pasará, se borrará el deseo
-esta flecha de sombra-
y los sensuales rostros, bellos e inteligentes,
se ocultarán en ti, al fondo de un espejo.
Caerán los años. Te cansarán los libros.
Descenderás aún más
e, incluso, perderás la poesía.
El ruido de ciudad en los cristales
acabará por ser tu única música,
y las cartas de amor que habrás guardado
serán tu última literatura.
        (Joan Margarit.)

Anticipando


La “Marcha de Ó Sullivan” que se escuchaba en un vibrante momento del film “Rob Roy” de Michael Caton-Jones (1995) no tiene nada que ver con el caballero de la orden de Santiago del mismo patronímico sobre el cual acabo de publicar un artículo-entrada actualizado en la revista digital DH.

Como el artículo va a tener una secuela que podréis leer enseguida en este blogo, os traigo aquí el original de la “Marcha”, que no es exactamente igual que el que podía escucharse en la película… o mi oreja ya ha hecho “clack” con motivo de la pandemia. Cosa posible.

 

 

Pasión


Trevor Dadson (foto: https://www.elconfidencial.com/)

Para mí, la Literatura y la Historia son dos caras de la misma moneda. Trabajamos ambos con documentos. La diferencia probablemente es que, si estás en Literatura, sabes que todo texto miente, y si estás en el departamento de Historia, piensas que el documento te dice la verdad. Y no es así: son papeles con un sesgo ideológico, escritos por un ser humano que intenta dar una idea de las cosas

Una se emociona con lo que este señor cuenta acerca de su pasión por nuestra lengua y nuestra nación, valga el pareado. España y su literatura y su lengua, una de las más hermosas y que existen (sí, hay muchas otras hermosas). El señor falleció hace un año.

Porque, después de las mías, mi pasión es otra lengua y otra nación. Porque “una cosa te lleva a la otra” -como dice el propio Dadson.

Así que leerlo, me ha recordado el proyecto en el que estoy metiéndome (temible cada vez que lo pienso, como cuando entraba a las cuevas, oiga, pero sin el mono amarillo, ni el carburo) y se me ha quitado un poco de miedo. Porque me ha recordado el valor que tiene la pasión. Y ya está.

Me encanta, como agregado, que la entrevista la haga Ignacio Peyró.

 

Cómic y novela


https://cdn.zendalibros.com/

Con lo que me gusta la expresión gráfica y… resulta que no no leo casi nada de lo que llaman “novela gráfica“. Y la verdad: creo que debería hacerlo ahora que estoy aprendiendo tanto de novela escrita (y como si escribir no tuvier mucho de dibujar…).

Educada en los dibujos de Boixcar y El Jabato, en Corto Maltés, en la psicodelia que a veces venía en “Trinca” (“Puppy Boy”, ¿eh, quién se acuerda de ella, que copiaba la estética de los dibujitos de la portada de un disco de The Beatles? ¡Madre mía, que vieja me siento!).

Eso además del gran Hernández-Palacios y de la BD + Metal Hurlant (sobre todo Caza, Moebius y sus mundos absurdos; Milo Manara y sus sugerentes chicas, y el divertido Johnny Hart y sus hormigas y medievales surrealistas… En fin: el cómic clásico.

Zendalibros.com

Pues resulta que hace tiempo que no le atizo una ojeada a ninguna de esas maravillas, que estoy segura que me subyugarían.

Hay un motivo doloroso: que había una librería estupenda en el centro comercial del pueblo. Ahí vi “El gato del rabino” de Sfar (y luego la vi en película y estaba estupenda) y Persépolis de Marjanne Satrapy (¿que ahora edita otra cosa en España? ¿o es un fondo de librería que ahí andaba desde 2005?) y con muchas otras cosas que… ¡se podían leer sentada en la tienda! Y luego comprar algo o no, u otra cosa… 

Y entonces, la librería desapareció. Y ahora ya no puedes elegir, porque ya no se puede nada.

Y entonces… suspiro (sigh!) y veo que sigue habiendo cositas que merecerían la pena, pero han de adquirirse por correo y con mascarilla.

En Zenda Libros recomiendan varias y… me gusta la pinta que tienen. ¡Ay!  

Zenda recomienda: Espuma, de Ingrid Chabbert

Zenda recomienda: No lo abras jamás, de Ken Niimura

Sueños


Veía a una niña que había que salvar. Buscaba un autobús que estaba escondido al fondo de un garaje caótico. Niñas pequeñas que nunca encuentran el equipaje, o que lo han olvidado en otro sitio, o que ¡no es ese el que querían llevar! Un casa se hundía porque caía fuego del cielo. Y trenes […]