
He pasado un fin de semana en territorio de Sierra Morena con el objetivo de avistar aves con el grupo local de SEO birdlife, y con el deseo de alejarme de tanto wifi y tantas puñetas…. Casi nunca se cumple del todo el objetivo, pero merece la pena, por probar. Aunque parezca que me he vuelto vagonZia en el blogo lo cierto es que Mujerárbol/Aliseda tiene esa edad en que es mejor escribir de allá pa’ cuando que día a día, porque el día a día es una puñeta envuelta en naderías cotidianas, despistaciones, ajetreo, palabrería y…. no mencionaré la bicha.
Han sido apenas tres días; estuvimos en una bonita área que ya conocíamos, pero desde la que los cielos despejados y las vegetación de monte auguraban muchas observaciones pajariles. Así ha sido. Además avistamos al lince, aunque da la impresión de que han puesto solamente a uno, para ahorrar, y es ése el que ve todo el mundo, cada vez…
Los linces suelen vivir entre 10 y 15 años, pero éste pobre está demasiado cerca de la humanidad parloteante y demasiado lejos del mundo estadístico de los linces, me da la impresión.
También vimos un rebaño de bisontes europeos. Da un poquito de no-sé-qué el verlos en ese paisaje, pero hay que hacer el esfuerzo de imaginarlos en la Prehistoria, con suelos más verdes y menos amarillos-ocre claro de fondo, debido a otros climas y otros regímenes de lluviay temperatura. Y de visitas. A veces, me daban la impresión de toros de lidia atontados tras una costalada durante los Sanfermines… Quizá es que ellos ya vienen de fábrica así de tranquilotes…
No sé si soy partidaria de re-introducir «paleo-animales» en el mundo actual. Aparte de razones «zentíficas» porque una es de Letras, me producen la misma grima que los poblados del FarWest que se hacían cuando los años dorados del cine en España, para rodar películas en Almería. Antes, tal vez, era más partidaria, por el desconocimiento y la edad juvenil; pero ahora, que ya no soy tan impresionable ni juvenil, me dan lo dicho: entre curiosidad y tristeza.
En general, no me los puedo imaginar viviendo en un entorno así, como el que ahora veo… claro que yo tampoco me imagino en un entorno así. De todos modos, el de Sierra Morena es siempre una hermosura de paisaje para la vista y para el oído. Si no me quito el hearing aid que tengo que usar sí o sí, el silencio es profundo y el viento se encarga de trasmitirme en las orejas un ulular que emociona. También es emocionante la avifauna realmente actual: aves de presa, grajas, aves nocturnas (ay, oír el ulular del búho en medio del silencio de un paseíto a la tarde-noche) tarabillas, aguiluchos, cucos y rabilargos y pajaritos pequeños que no sabría nombrar, junto al río. Juro que la ora vez que estuvimos vi muchos más rabilargos.
Desintoxicarse en plena naturaleza sigue siendo reconfortante, al menos hasta 48 horas después.
Luego, la presión del entorno urbano, sus olores y ruidos y todolodemás, asfixia el saldo de silencio que se ha podido ahorrar. Y eso que vivo en un barrio bastante calladito, pero es inevitable caminar por otros barrios, y en casa hay televisión en la salita, y extractor de humos en la cocina. Y luego están los mondongos de la amoto y la gente que cuando sale a pasear con los amigos no vacila en proclamar a voces cualquier deseo, cotilleo, noticia, etc. ¡aysss, mi oreja!
Bueno, el viaje solo fue anteayer, pronto sucederá la desconexión, ya la voy sintiendo en los «arrepentimientos» de la escritura de esta entrada. Gracias a Dios, hay Jardines Históricos en mi pueblo, y un clima primaveral, aún no tórrido con su luz clara aparejada.
Para silencio, lo que se dice silencio, solo hay una solución en mi entorno… también la uso, a discreción; otro día les contaré. Por ahora, creemallera y guantes de lana.