
LE HE DADO MUCHAS VUELTAS vueltas al nombre de lugar que aparece en la Confessio de S. Patricio como su lugar de crianza: Bannaven Taburniae. Ahora sé que la transcripción no les parece buena (¿debería ser Bannaventa?) a los que saben más que yo de toponimia romano-británica…
Pero es que existe una Bannaventa que está en el puñetero centro del sur de Inglaterra, la cual es un yacimiento arqueológico romano cuya web los encargados se ocupan (piadosamente) en señalar que nada tiene que ver con la que menciona Patricio en su escrito, faltaría más, puesto que debería de estar más cerca del mar y debería también de estar más al norte para ser la Patriciana…
La verdad es que tiene miga que hasta pueda interpretarse que ahí existe la palabra «rio» (aven) con lo cual tiene sentido el nombre siguiente, pegado a él: Bann, lo que delataría un galicoide «bann afon». En Irlanda hay un río con ese mismo nombre (Bann, precisamente en el condado de Armagh), que por cierto, ha dado nombre a una tipología de herramienta neolítica, específica del territorio hibernio (bann flake).
No se tanto de latín como para buscarle un primo al Banaventa… Así que sospecho ese elemento existiría en el británico en la época en que Roma estaba ya recogiendo los bártulos para pirarse de la isla, con lo cual Bann+afon tiene su cosa (incluso escrito a la remanguillé, como estoy haciendo yo) y no digamos ya el elemento venta.
Y luego está el elemento que me suena a taberna… Llamaban así los romanorus a esas paradas (mas o menos acogedoras) consistentes en emplazamientos (villula) cercanos a las vías (calzadas), que eran lugares de descanso y servicio para caballos y viajeros humanos, según describe Isaac Moreno en su incesante pateo de vías olvidadas, y reconoce cualquier historiador de la Roma decadente.
Y entonces es cuando descubro que se está excavando una de ellas: Bannaventa.
El nombre descoloca, sí. Mucho. Tanto que en la web de la excavación se trae por el pelo a la que menciona Patricio en su carta, diferenciándola, faltaría más: la del santo tendría que estar más al norte y/o más cerca del mar occidental ya que los piratas hibernios eran muy vagos y no navegaban nunca para incursionear por el sur, ni tan tierra adentro… Pofueno pofale, como diría MakyNavaja.
Cogiéndolo por donde se coja, suena a lo mismo: un establecimiento-villula* de mediano tamaño no lejos de una vía romana; una pequeña aldea dependiente del comercio con la vía cercana (abandonada o en proceso de serlo) o dependiente quizá de una ciudad algo más rica), un sitio cuya economía se basaría en la agricultura de auto-abastecimiento y del servicio a un comercio que decaía sonoramente.
Una especie de lo que aquí, en Aranjuez, llamamos un gango. Los gangos, que solían encontrarse junto al río Tagus y ser más bien nutridas pero descacharrosas paradas exclusivas del verano (años 50-60 del s. XX), donde todo era de madera reciclada, menos los botellines y las coca-colas y (laus deo) si había sillas de plástico; en ellos nos reuníamos a celebrar la parte festiva de bautizos y comuniones, y hasta bodas, con baño en el río incluido y a veces llevando la propia comida… (Bue, en algunos gloriosos gangos del Tajo se hacían paellas, tortillas y fritangas).
Esto me resuena con la «villula» o edificio de poca importancia que el propio Patricio menciona como su hogar de infancia y alocada juventud. Claro está, no sería de madera reciclada, sino de buena teja y pasable piedra, aunque no fuese más que la fachada vista: total, a la altura del s V ya sería una vieja gloria, de la que escaparían trabajadores y viajeros, y que, por cosas de herencia, había caído en manos de un sacerdote cristiano y su familia. Poca nobleza y mucha decadencia es lo que me suena…
La última parte del topónimo, si es que lo es y no una nefasta lectura (mía) «barnia» tiene también concomitancia con el «barna, berna» (grieta, corte u hoyo en particular los horadados por el agua) de los que no hay pocos en territorio céltico… Incluido los del Táin, donde hay un hermoso Bernas Bó Cuailnge, que me tuvo loca en otro tiempo.
Lo demás ya son malabarismos que me han llevado hasta «Tabarnia», lo cual ya es una coincidencia de la que me carcajeo cada vez que pienso el tema. Anda, que ¿y si existió una Tabarnia y encima estaba en la Britania romana, eh?
Ya en serio, si algún arqueólogo o gente con conocimiento de causa verificara la existencia de una pequeña venta-taberna romana cerca de un río en alguna parte del noroeste de la Britania antigua, me daría el gusto de dejarme con la duda puesta para los restos. El precedente de la que se está excavando me da inspiración, por lo menos. En todo caso, el sitio que llevaría ese nombre (Banaventa Barnia; Banaventabarnia, me da igual) no es lo importante, ni lo mollar para mi rumiación.
Un sitio regentado por ricos de medio pelo; más ricos que los de los gangos, eso sí.
