Día de kilómetros


La foto es de otro día y otra estación, pero hemos pasado por aquí (Tajo por Salivilla)

Hoy ha sido un día de mucho andar. Lo que empezó como una agradable madrugada y un paseo en auto (hasta el punto de salida) se convirtió en un palizón aderezado por el viento frío que hacía en medio del campo.
Íbamos a pájaros y resulta que no vimos más que un busardo ratonero a primera hora; algún nido abandonado… y poco más, ni siquiera en el agua (del río y otros charcos de la zona) al menos una que ve menos que un gato de yeso. Tuvimos que conformarnos con los patos que corretean por la orilla del rio, ya en er puebro; no hubo ni un café al regreso, que habría estado bien pues apenas desayuné una mojetada de galleta antes de que me llamaran al timbre.

Espero que estas exageraciones me dejen una estética corporal de lo más atlético, pero no me fio mucho, la verdad. De momento solo me dejan bastante cansada. Me he repuesto con un paseíto final bajo un chispeo tontísimo (pop, pop, pop, pop, goterones y ya) hasta la iglesia de S. Antonio, para oír Misa después del relax y el tenis (bastante aburrido hoy) durante la comida, y a casa a postear. Con lo cual, debería de estar ya en la cama en vez de escribiendo-corrigiendo esta bobaduca.

Se va notando la edad pero soy consciente de que caminatas así alejan un poco el momento «no, que me duelen mucho las piernas». Y ver un buitre en vuelo con el frío que hacía, la verdad es que emociona.