
Quizá sea bueno visualizar el contexto histórico de Europa al comienzo del periodo entre el siglo VIII y el XII que es lo que vamos a considerar la «Edad Dorada» de Irlanda, aunque en algunos aspectos, el mundo gaélico subsistió hasta el e. XVI mediante el uso de ese idioma como vehículo cultural que abarcaba desde Irlanda hasta las Hébridas, donde sus señores aún vivían inmersos en ese tipo de cultura, mientras el resto de Escocia se «afrancesaba» al paso de la influencia de los intereses de dicho país en su familia reinante, y empezaban a darse los primeros pasos hacia la Reforma Protestante, que acabó con los últimos restos «filiales» entre el Norte de Inglaterra y su prima del Occidente.
¿De dónde procedía la «lucecita verde» cultural y espiritual que iluminó el Occidente de Europa antes de sumergirse en sus propias aguas turbulentas?
Repasemos primero un poco los principales espacios de poder y cultura europeos de la época. El Reino Visigodo de Hispania estaba muy tocado por sus divisiones, pero antes de la gran debacle del 711, Leovigildo le aportó unidad y política, y su sucesor Recaredo, unidad religiosa, en un intento de «renacimiento» que fue destrozado por la gran bofetada de la invasión islámica.
En el centro de Europa, el Reino de los Francos aún se encontraba bajo la dinastía merovingia. Será larga y agitada su evolución pues le quedaba un largo camino hasta que la consolidación de un sistema capaz de mantener unido su amplísimo y variado territorio, del que hacia el año 911 comenzaban a disfrutar cierto número de vikingos (luego llamados Normandos, protagonistas en la Historia de Irlanda posterior al año 1000). Ese istema se llamó «feudalismo», el producto cultural más importante ofrecido por Francia, que se desarrolló a su propio ritmo y en el s. VIII todavía era una entelequia en la mayoría del mundo occidental. Sin embargo, sabemos que en las Escuelas Palatinas Carolingias habitaban no pocos irlandeses… y de hecho, ha sido en los archivos de viejísimos monasterios de la parte Germánica del Imperio donde se ha encontrado los restos escritos (con tinta) más antiguos del idioma irlandés.
En cuanto a la isla de Britania, sajones y anglos habían conseguido asentar los Siete Reinos Sajones en el territorio. Primero domina sobre ellos Northumbria y luego, Mercia. Pero hasta el siglo IX sus reyes no intentarán abrirse un camino hacia la Europa continental, enfocados hacia al esplendor Carolingio. Para entonces, la influencia sajona ya estaba compitiendo con la irlandesa en el propio territorio de Britania: en el Norte predominaba la influencia del monasticismo hibérnico traido Columcille a Iona y asentado en Lindsfarne, ensanchándose hasta Escocia a Northumbria, con con su organización, calendario (y quizá liturgia) propios. De ahí la importancia del Sínodo de Whithby, que recortaría notablemente el poder espiritual de los irlandeses en Britania.
El único poder verdaderamente fuerte, con su esplendor cultural intacto en Europa, era Bizancio, el Imperio de Oriente. Una vez desaparecido el glorioso Justiniano (527—565) el Imperio de Oriente era el único Poder alrededor del que se movían todos los reinos y reinitos que acabamos de nombrar, al menos hasta que Carlomagno se declarase “Emperador de los Romanos” en el año 800, distanciándose políticamente (pero con cuidadito) de Constantinopla. En las escuelas palatinas carolingias llegó a haber muchos irlandeses… pero aún no habían llegado.
Los historiadores y antropólogos que he leído, así como los autores de la llamada «Escuela de los Anales» insisten en que el feudalismo nace en la Francia postCarolingia a partir de un esfuerzo colectivo de intensificación de la producción agraria, ocupando terrenos que hasta entonces eran o bien baldíos, o bien «reservas» de caza, utilizadas para la subsistencia de familias aisladas, que no se beneficiaban aún de la red de producción y comercio que desarrollaría a partir del s XI. Esto indicaba una población todavía muy dispersa -sin que el hábitat llegase a «ciudad», sino como mucho «una aldea»… y mal comunicadas, por la ruina de las antiguas vias romanas.
En Irlanda, era algo parecido a una forma de dominio politico/económico que no puede llamarse «feudal» (algunos lo llaman pre-feudal; otros simplemente cacicazgo) predominaba políticamente, traducido en múltiples monarquías con sus propias reglas de acceso (una combinación entre elección y linaje) y además repartido en infinidad de cabezas de familia agrupadas por «tribus» territoriales, debido a las condiciones que imponía el medio geográfico. Sus propias tradiciones legales empezaron a tomar forma y compilarse a partir de mediados del siglo VI, siempre en los monasterios. La escasez de comercio externo era su clave más importante, pues cerraba las puertas a cambios necesarios para una ecolución parecida a la de otras proto-naciones Europeas.
Los monasterios irlandeses se esforzaban en introducir un principio de unión que iba más allá del espiritual, articulándose como ciudadelas, que favorecían el intercambio económicolocal/regional y la resolución de conflictos, mediante reglas tradicionales muchas veces adaptadas al punto de vista Cristiano, pero fuertemente basadas en «tradiciones propias». El pago de multas en bienes, y los contratos de obligación mútua mediante seguridades y multas, han llegado a sorprender a los economistas Liberales modernos.
Respuesta
Buenísimo para irse iniciando Irlanda
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