No de gloria. Ni tampoco totalmente de lluvia o llanto.
Gente que para «dinamitar el Estado» quiere más Estado. Caraduras de la política que se abstienen o no descartan hipótesis, según convenga a interesitos que, o no están todavía bien asentados y esperan un viento polar o es que son directamente asquerosos. Morrones incapaces de aguantar cuarenta minutos en una clase que quieren ser físicos nucleares. Ninias y ninios que viven del cuento, a los 45. Hasta del cuento que les cuentan otros. Titiriteros de lo políticamente correcto. Corruptos y corruptas, pero muy equidistantes, no sea que no parezca que son correctos. Gilipollas directos.
Imágenes del Callejón del Gato de una sociedad podrida, amorrada a los «triunfos» del fúmbol o directamente a la botella, al biberón, a un tubo de escape. Todo mentiras pa’ seguir pasando.
Mirarse a un espejo real. Apechugar con lo que hay: falta de liquidez, de imaginación, de responsabilidad, de adaptación a cambios que nos sobrepasan, de paciencia para sentarse a pensar, de decencia que empieza en nuestro propio felpudo…
Nooo, eso no, que duele. Mejor seguir mirándonos en el espejo distorsionante, tan divertido.

