
El Libro de Deer (s. IX-XI) que es un pequeño evangeliario «de llevar» escrito en latín, tiene la particularidad de contener los escritos más antiguos en la variedad escocesa del gaélico.
El libro en sí procedía de un monasterio cuya ubicación no se conoce bien (la Arqueología lo intenta, desde el 2009 al 2022) cuya fundación se atribuía a S. Columcille y a un santo nativo, S. Drostán. Existió (hasta la Reforma, s. XVI) una abadía Cisterciense con ese nombre en el Aberdeenshire, así que se supone que el «original» no estaba lejos, aunque su organización y forma no serían iguales.
El libro de Deer, asociado al primitivo monasterio, estuvo hasta el s. XVIII en la biblioteca del obispo anglicano de Ely & Norwich, John Moore, un famoso bibliófilo. El rey Jorge I de Inglaterra compró la biblioteca a la muerte de aquél y la donó a la Biblioteca de la Universidad de Cambridge, donde el Libro de Deer fue «redescubierto» en la segunda mitad del XIX.
El monasterio de Deer estaría enclavado en el territorio Picto, al N.E. de lo que hoy es Escocia, así que se trata de uno de los documentos que informan de la conversión al Cristianismo de las

gentes de la zona y de su «gaelización» por gente que procedía de Irlanda. La influencia irlandesa es patente en la escritura y en ciertas páginas en las que se observan iniciales decoradas en un estilo muy cercano al del Libro de Kells.
Los irlandeses no solamente llevaron a esa tierra el Cristianismo, sino su idioma y su forma de escribirlo, de lo que el propio Libro de Deer es muestra. El idioma fue evolucionando hasta dar forma al gaélico escocés, con importantes diferencias fonéticas e incluso gramaticales con el idioma original. En español, «gaélico» alude a ambas variedades.
La parte de los documentos laicos del libro es una copia de cartas de donación y privilegios legales (de corte feudal) que atañían al monasterio Cisterciense de Deer, situado en el Aberdeenshire, y en ellos se cita a un Rey de Escocia, David I (inicios del s. XII).
El colofón del manuscrito, al parecer debido al escriba principal (o no) también está en una variante del gaélico irlandés. La letra de ambas partes es bastante distinta de la usada por el/los escribas del Evangeliario, pero su lectura indica que eso ya no era irlandés, sino un gaélico propio, con lo cual sin duda estos añadidos y documentos son posteriores a a la parte central del libro.
E
n las fotografías se pueden ver con detalle los característicos dibujitos, lineales, casi esquemáticos, del manuscrito, menos decorado que otros libros más de «lujo» por tratarse de un sencillo «evangelio de bolsillo» como lo define la ficha de la Universidad de Cambridge. Ese tipo de libros eran para usar y llevar a todos lados, no para exponer, como lo era por ej. el famoso Libro de Kells, aunque alguna de sus iniciales decoradas recuerda las magníficas Chi-Rho de Kells. Las tintas empleadas se encuentran muy envejecidas, pero existen rastros del uso de colores amarillos y anaranjados.
La decoración es característica precisamente por esos personajillos (evangelistas, un Crucificado, etc., las identificaciones varían según autores) geométricos, sin manos y con un esquematismo yo diría que ingenuo en los cuerpecillos, los piececitos y las caras, así como por las líneas onduladas que el dibujador esparció por todos lados… Los «monigotes» (doodles), como los llaman el la web de Proyecto cultural/recreativo sobre el libro, son bestezuelas (parecen novillos o corderos) de pequeño tamaño, que aparecen acá y allá, triscando por el manuscrito. No sabemos muy bien si tienen que ver con el texto, en clave simbólica, o qué.
Para acabar: «Deer» no es «ciervo» en inglés, sino Déir (genitivo singular deóir) en gaélico antiguo, y significa «Lágrimas». Hay una bonita leyenda acerca del origen de ese topónimo…
…que se recoge en una de las notas en gaélico escocés, a las que tenemos acceso gracias al proyecto irlandés CELT.
Es una buena historia toponímica: todo empieza con un hijo del mormaer del monasterio (cuyos límites se nombran) que cayó enfermo después de que se rehusara (entregar tierras) a los clérigos, y estaba a punto de morir. Entonces el mormaer fue a rogar a los clérigos que rezaran por el muchacho, para devolverle la salud. Y les dio como garantía terreno desde Cloch in Tiprait hasta Cloch Peitte Meic-Garnait. Ellos hicieron la plegaria y la salud regresó a él.
«Entonces, Columba le dio a Drostán el monasterio, y lo bendijo, y dejó la maldición de que cualquiera que estuviese contra él no cumpliese muchos años ni tuviera buena fortuna. Las lágrimas [déra] de Drostán se derramaron mientras se separaba de Columba y éste dijo «Que sea Déar su nombre desde ahora».