
Para celebrar el día de hoy (*), os dejo un fragmento escrito por el propio Patricio, en el que vemos que fue uno de los primeros atacados por esa enfermedad llamada la hibernitis (o «echar de menos a Irlanda») que algunos padecemos.
«Y después de unos años me encontré de nuevo en Britania con mis parientes, que me acogieron como a un hijo y me pidieron, en confianza, que después de la gran tribulación que había pasado no me marchara a otro lugar lejos de ellos.
Y entonces, en una visión por la noche, vi a un hombre cuyo nombre era Victoricus, viniendo como si fuera de Irlanda, con innumerables cartas, y él me dio una de ellas, y leí en el comienzo de la carta: «La voz de los irlandeses.» Estaba leyendo el principio de la carta y me pareció en ese momento escuchar la voz de los que estaban junto al bosque de Foclut, que se encuentra cerca de la costa occidental, y lloraban con una sola voz «Te rogamos, jóven santo, que vengas y camines de nuevo entre nosotros». Y me hirió intensamente en el corazón, de forma que no pude leer nada más, y así me desperté. Gracias a Dios, ya que después de tantos años el Señor se lo concedió de acuerdo a su grito.»
Después de haber sido esclavo de aquella gente, escogió regresar. Por supuesto, en su deseo de regresar a la isla como predicador del Cristianismo también podría existir la creencia de que el Fin del Mundo se acercaba, por lo cual era necesario cristianizar a los habitantes de aquella remota región.
Teniendo en cuenta este mapa, más o menos coetáneo con la cronología del mismo Patricio, se comprende ese deseo en un Cristiano… ¡el mundo se estaba cayendo a cachos!

ACTUALIZACIÓN (2024): después de 2010 se publicó en la web el texto completo de las «Confesiones» de S. Patricio así como la «Carta a los soldados de Coroticus», en inglés y otras lenguas (no española, de momento), con mucha información sobre la iconografía del santo -bastante curiosa-, y una creciente bibliografía académica, que se puede consultar en el mismo sitio, mediante este maravilloso enlace.
La Confessio de Patricio, así como su Carta a los soldados de Coroticus (que se considera anterior a aquélla) son una fuente histórica indispensable para conocer la Irlanda anterior al entrelazamiento de dinastías, comunidades religiosas y tradiciones literarias, que conformaron la «tradición patriciana» desde el s. VII al XII, fecha en que Armagh alcanzó la primacía episcopal en la isla.
En el enlace también podemos consultar la obra hagiográfica de Tirechán y de Muirchú, importantes biógrafos del santo suficientemente posteriores como para forjar algunas de las tradiciones menos históricas sobre él).
Por tanto, leer las dos obrs d Patricio es conocer la historicidad, no solamente separarlo de las moñadas de color verde fosforito que lo rodean, sino podero sopesar como historiadores los asuntos propagandísticos que se fueron construyendo a su alrededor desde época temprana, y deslindarlos de lo que él mismo proporciona.
Por ej. no sabemos si realmente S. Patricio estudió con S. Germán de Auxerre, aunque menciona su deseo de volver a la Galia y encontrarse allí con «santos del Señor». No conocemos hechos ahistóricos, como la posible presencia en Irlanda de misioneros anteriores, como Palladius y otros, atribuidos en tradiciones locales siempre posteriores.
Sin embargo, los escritos de Patricio sirven para palpar la historicidad de algunas situaciones de fecha indeterminada, pero realismo espeluznante, sobre todo en su obra (que se supone fue la primera que escribió), «Carta a los soldados de Coroticus«, donde podemos observar los peligros reales que el misionero tuvo que enfrentar… Aunque no da menos repeluzno la historia de traición de la amistad (o quizá ruptura del secreto de confesión) que cuenta la Confessio.
Tanto Católicos como Reformados han editado y estudiado estos escritos desde el punto de vista espiritual, coincidiendo ambos en escoger como patrón a Patricio.
Pero el caso es que ambas obras sirven sobre todo para visualizar la vida real de una persona sin poderes mágicos (no hay tréboles, ni serpientes, ni fuegos de Pascua encendidos con mechero…), que escogió regresar al peor sitio del mundo según propia experiencia… para mejorarlo, ¡ahí es ná!
(1) La entrada se publicó originalmente el 17/3/2010.