Cómic y novela


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Con lo que me gusta la expresión gráfica y… resulta que no no leo casi nada de lo que llaman “novela gráfica“. Y la verdad: creo que debería hacerlo ahora que estoy aprendiendo tanto de novela escrita (y como si escribir no tuvier mucho de dibujar…).

Educada en los dibujos de Boixcar y El Jabato, en Corto Maltés, en la psicodelia que a veces venía en “Trinca” (“Puppy Boy”, ¿eh, quién se acuerda de ella, que copiaba la estética de los dibujitos de la portada de un disco de The Beatles? ¡Madre mía, que vieja me siento!).

Eso además del gran Hernández-Palacios y de la BD + Metal Hurlant (sobre todo Caza, Moebius y sus mundos absurdos; Milo Manara y sus sugerentes chicas, y el divertido Johnny Hart y sus hormigas y medievales surrealistas… En fin: el cómic clásico.

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Pues resulta que hace tiempo que no le atizo una ojeada a ninguna de esas maravillas, que estoy segura que me subyugarían.

Hay un motivo doloroso: que había una librería estupenda en el centro comercial del pueblo. Ahí vi “El gato del rabino” de Sfar (y luego la vi en película y estaba estupenda) y Persépolis de Marjanne Satrapy (¿que ahora edita otra cosa en España? ¿o es un fondo de librería que ahí andaba desde 2005?) y con muchas otras cosas que… ¡se podían leer sentada en la tienda! Y luego comprar algo o no, u otra cosa… 

Y entonces, la librería desapareció. Y ahora ya no puedes elegir, porque ya no se puede nada.

Y entonces… suspiro (sigh!) y veo que sigue habiendo cositas que merecerían la pena, pero han de adquirirse por correo y con mascarilla.

En Zenda Libros recomiendan varias y… me gusta la pinta que tienen. ¡Ay!  

Zenda recomienda: Espuma, de Ingrid Chabbert

Zenda recomienda: No lo abras jamás, de Ken Niimura