
Pues verán, hace años que padezco EPOC. La tenía bien controlada hasta que llegó la pandemia, y entonces, se nos volaron las cosas de la cabeza. Todas a la vez salieron volando por la ventana.
Pero esos dos años y pico los pasé sin una sola tosecilla. Y ahora, recién llegada de una extraordinaria excursión por Sierra Morena, ¡plaf! Otra vez tos fuerte, dolor en el pecho y la garganta, mucosidad horrible, ojos irritados (solo el izquierdo, no sabe nada la alergia) y maldormir.
Hoy es el primer día desde hace una semana que puedo sentarme a construir cositas del blog.
Bueno, tengo a mano música que me gusta y que me lleva a otros momentos, o «mundos», que sugieren agua, aventura, montañas y bosques, duendes y seres mitológicos vestidos con cota de malla. O así…
No, no es que me interese jugar a… ¿como se llama, video-juegos? Creo que hay gente a la que le encanta y es una forma como otra cualquiera de desviarse un rato de este mundo plano (y bastante asqueroso) que nos devora. Por lo que me han contado, están bien hechos y tienen para mucho rato de diversión en «otros mundos». Pero, qué le voy a hacer, a mi me divierte leer, escribir historias y escuchar música… y aquí es adonde quería llegar.
Y es que algunos de esos videojuegos tienen unas bandas sonoras estupendísimas, de un vago estilo sinfónico-medievaloide-«celto»-X, sin duda influenciado por la excelente banda sonora del film «El Señor de los Anillos», entre (quizá) otras cosas.
Muy buenas como las de Skyrim, que se pueden escuchar mientras trabajas en otra cosa (que no sea fregar los cacharros) y están generalmente bien concebidas y ejecutadas… me figuro que casi todo electrónico, pero muy bien manejado.
Las escucho de vez en cuando y no me importan cuales son, porque de todos modos no me voy a enganchar a la «saga», sea la que sea. Pero el caso es que relajan, dan un punto de nostalgia, permiten trabajar en lo que sea y son buenas piezas musicales. Alguien me descubrió el otro dia a Jeremy Soule («Oblivion») y lo poquito que he oído del autor, me ha sorprendido y gustado, aunque en los cortes de YT la pieza se repite en bucle y llega a cansar.
En fin, que me sorprende que haya gente que tenga de fondo musical esas cosas tan separadas de la musiquilla chun-chun-chu (mazo de ferrería) que habitualmente se baila/oye en público.
Por mi parte, sigo con mis favoritos musicales, una vez que la guerra de Ucrania me impide escuchar mis dos emisoras rusas favoritas (Omdaru radio y Radio Caprice) con sus canales de «música clásica contemporánea». Ahora soy «fan» de Radio Art, a través de Tune-in y hasta estoy pensando en suscribirme por 6 meses para empezar a apreciarla en toda su extensión de canales y ambientes.