
Me he reído y sonreído con este librito de los divulgadores históricos «Ad Absurdum», a los que he conocido gracias a una estupendísima entrevista a otro divulgador que vi en Youtube, via DH. Pero de ésta hablaré otro día, prque trataba un tema de gran importancia medieval.
Claro que ellos emplean el humor y un lenguaje muy actual para dirigirse al público. Público que una visualiza como juvenil y poco, o nada, preocupado por la «Historia»… a menos que el examen sea el miércoles que viene.
El libro está subliminalmente dirigido a ellos, porque les recuerda los entresijos de la Historia como Ciencia (humanística). Y eso es algo que a muchos -incluso y sobre todo, profesores- se nos ha olvidado. Claro que… ¿pa qué, en el maremagnum de una clase? ¿Pa’qué, si leer un fragmento de fuente primaria ya en los años 90 era una aventura más dificil que subir el Everest).
Bueno, vale, que ya no estoy en el sector.

El caso es que el libro es de esos que «debería de ser obligatorio» (como dicen los ansiosos*) porque acerca de una forma sencilla, muy clara y desprejuiciada, a los problemas que tiene el hacer Historia: las distintas clases de fuentes; la necesidad de conocerlas y de valorarlas críticamente; la ideología o los prejuicios que están detrás de cada escrito que nos llega del pasado; la cautela que hay que tener frente a éstos y la validez del uso de complementos (más fuentes, pero de otras clases, incluidas las categorías científicas) para valorarlas. Los problemas de la «actualización» de contenidos históricos conocida como «disneyficación» (una de cuyas variantes puede ser la wokeización)
Vamos, que saber Historia (y hacerla) no es solamente aprenderse un montón de hechos, o memorizar un volumen enorme de datos sobre un periodo concreto… sino de estudiar, criticar y valorar cosas del pasado siguiendo un criterio racional.
En fin, que el libro trata de éste campo minado y de las dificultades de ser «homo historicus» y no «homeohistoriador», un neologismo que ellos han inventado y que se refiere a quienes hacen mala praxis en historia. El homo historicus, por contra es el que se esfuerza en valorar con las armas de la razón y la Ciencia el pasado:
La Historia no es una ciencia exacta y un mismo proceso puede tener interpretaciones diversas, que se apoyan más en unos factores que en otros, pero eso no significa que se pueda mentir impunemente. (Pag. 29).
Frases tipo consigna como «para ser homo historicus, odia a Mel Gibson» ayudan a marcar fronteras, y los ejemplos (¡estupendérrimos!) acerca de la modelna y disneyficada representación del mundo gaélico medieval en Braveheart (y otras pifias en otros mundos de ese señor), echan pimienta y sal a un librito que sí, debería de ser obligatorio… para todo el que quiera practicar la Historia, aunque tenga un examen el miércoles.
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Homo Historicus. Ad Absurdum (La esfera de los libros, 2021, 308 pp.). Hay versión kindle en Amazon.
Respuesta
Reblogueó esto en EL BLOG DE JOEL HERAKLION.
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