El hombre que dio su caballo a un mendigo


Llevo varias semanas siguiendo esta página de FB cuyas fotografías son maravillosas.

Se trata de la página de John Connell, joven autor de un libro titulado «The man who gave his horse to a beggar», una biografía de San Aidán de Lindisfarne realizada a través de los lugares y los personajes significativos de la geografía británica en los que se desarrolla la historia de ese personaje. (Otro artículo, más prolijo, sobre S. Aidan aquí, en Omnium Sanctorum Hiberniae).

El autor ha recorrido los sitios de Irlanda, Gran Bretaña y Escocia asociados con San Aidán, ayudado por un fotógrafo (Phil Cope) que ha hecho unas maravillosas fotos de cosas que me gustan y que, en algunos casos, solo existen allí, como los pozos santos. Se ven bosquetes, menhires, cruces de estilo irlandés y de estilo sajón, camberas llenas de verde y de animalillos… Sin olvidar fotos tomadas en Clonmacnois (¡sííí!) y los maravillosos paisajes de las costas de las islas.

Pero también hay vitrales góticos o neogóticos, viejas capillas llenas de humedad, templos y antiguos monasterios, algunos destruidos durante la Reforma, relacionados con la vida de este “protoperegrino” irlandés, “evangelizador” o al menos, movilizador de los Sajones. Se cuentan pequeñas historias, milagros y visiones de los personajes que se relacionaron con él y con su misión, así como el destino de esta. Y me gustan mucho los mapas que ilustran la edición

Ya os contaré, aunque lo que se ve en Facebook despierta las ganas, como podréis comprobar si visitáis la página.

(Actualización) El libro es una delicia por el formato, por las fotos y por lo que cuenta. Un viaje fotográfico-histórico que merece la pena, para conocer las vicisitudes -y las cien mil influencias- de la Edad Media de las Islas Británicas.

Enhorabuena, Mr. John Connell.

Ab Urbe Condita (La Roma de la gens Valeria)


Cubierta

He terminado la lectura de Ab Urbe Condita y ya puedo decir con conocimiento de causa… que me ha encantado.

Aparte de los valores solidario-culturales que esta novela a varias manos lleva consigo (las regalías de autores que irán a parar a los proyectos locales de conservación del Puente de Alcántara, ya sabéis) me asombra lo bien articulada que está la historia. Aunque cada episodio tiene su propio tono -hay historias domésticas, poéticas e incluso algún toque de humor- el tono general de la novela es único, ¿o es que me lo parece a mí precisamente porque todo está ambientado en el Imperio Romano?

Creo que no es así, sino que se trata de una buena labor de coordinación y de “continuidad” entre los distintos autores y el objetivo general de la novela, que redunda en el buen enganche y de cada capítulo con el siguiente. Obviamente, cada episodio es distinto y cada uno tiene un valor literario diferente, pero la sensación de unidad y de calidad general me ha parecido muy buena.

Los personajes son vibrantes y bien conseguidos. Me han gustado el fundador del clan, el bandido, el chico que echa de menos a su abuelo del último episodio, la niña del primero… Lo que les une es el pertenecer a una misma gens, los Valerios, cuestión importante para unos, menos importante para otros, pero siempre presente -pues no olvidemos que nuestras sociedades, hasta hace cuatro días, aún se basaban en esa unidad familiar tan distinta de la “mononucleosis” actual. Las situaciones abarcan todo lo que puede esperarse en una buena narrativa histórica: violencia, traiciones, enemistad/amistad personal, influencia de los grandes hechos históricos, etc. La ambientación va más allá de los colores (o de su falta 😉) y abarca los gestos de la vida cotidiana tanto como el paisaje: comer, beber, el ruido del combate y el olor de los cuarteles militares, las calles de una ciudad fundada entre los bárbaros, los pequeños o grandes acontecimientos de la vida, las bodas, el amor…

En fin, que no solo se la recomiendo a todos, sino que me da gusto ver que ha sido una de las novelas seleccionadas por el portal Hislibris para su XI premio de novela histórica.

La novela Ab Urbe Condita. La Roma de la gens Valeria se puede encontrar en librerías, en la web de la editorial EDAF y en los sitios habituales de venta de libros online.


ACTUALIZACIÓN:   Y más info en el blogo de 20 Minutos.

Una entrevista…


Me ha gustado mucho esta entrevista al autor de Tierra de esperanza, un canto a la emigración irlandesa hacia EEUU. Primero porque me ha recordado cosas, como esas carreteras, ay… Segundo, por lo que es: inspirada en una música (eso taaan irlandés); en una cartas; en unos personajes reales o realistas… Aunque no he leído […]

Cuando venga el Rey


relatosmagar.com

Cuando Venga el Rey. Luis Carlos Castañeda González, (mayo 2020).

Confieso que me descoloqué un poco nada más abrir el libro, porque comienza hablando de la calle O’Daly, y como la portada es una imagen de la isla de San Miguel in Skellig (Condado Kerry) temía abrir el libro y que se me derramase Irlanda encima de las zapatillas. Pero no, se trata de una portada que no hace justicia al libro que envuelve.

Al finalizar la lectura, comprendí que nada en absoluto debía la isla del relato al islote de San Miguel in Skellig… a pesar de que uno de los protagonistas principales es un emigrante irlandés.

Porque la isla de «Cuando venga el Rey» está adornada por el autor con tales y tan ricos detalles de olor, color, clima y, sobre todo, de habitantes y sucesos, que hasta puede parecer situada en un país imaginario. Y lo está: en el del autor.

¡Y esa es la esencia de este libro, la fantasía!
El realismo fantástico es un género que no solamente tiene elementos verdaderamente fantásticos (por ejemplo, los seres llenos de negrura que aparecen en momentos desgarradores de la trama de esta novela) sino porque se dota a esa fantasía de una realidad (los adelantos tecnológicos, las guerras del s. XIX, las duras condiciones de vida cuidadosamente fantaseadas) que ha terminado por incluir a esta novela en la “ficción histórica”, cuando la verdad es que se trata de pura ficción, pero tan bien hecha que parece realidad.
Por eso yo prefiero pensar que lo único real de «Cuando venga el Rey» es la visita de Alfonso XIII a la isla, ¿cuál isla? San Miguel de Skellig, no.
La fluidez de la escritura del autor, sus expresiones propias de Canarias, como nombres de árboles, de elementos del paisaje, de repostería, de objetos, etc. son un placer.
La trama, que abarca varios años, desde principios del s. XIX hasta que se produce el hecho histórico de la visita del Rey, se inicia con la aparición del cadáver de un hombre notable de la isla… y se describen hacia atrás las causas de su muerte (soprendentes), creando una maravillosa trama de amores que se remontan hacia atrás en el tiempo.
Una lectura rica, entretejida con momentos poéticos y también muy divertidos, gracias a la mano de un escritor novel, pero que debe llevar haciendo gimnasia literaria mucho tiempo, porque si no, no habría llegado a acertar en esa exquisita combinación que le ha valido el Premio Literario Amazon de este año.
Recomendabilísimo, aunque yo pediría que la próxima edición, se busque para ilustrar la portada una isla más irreal (¿quizá La Palma?) que no ese cacho de piedra del condado de Kerry.

Corazón oscuro


León Arsenal, Corazón oscuro. La esfera de los Libros, 2014.

Este libro me llegó por amistad y por amistad diré que lo he disfrutado muchísimo. Tiene el final más bonito y poético que jamás me he encontrado en una novela histórica.

En otros libros del mismo autor que he leído, las mujeres tienen un protagonismo que nada debe a las bobadas que muchas veces se atribuyen en estos tiempos posmodernos a “lo que puede hacer una mujer”. Aquí se visualiza perfectamente lo que podrían haber hecho en tiempos pasados. Que lo hicieran o no ya no es cosa de novela, sino de Historia. Novela e Historia son dos cosas son muy distintas: Historia es la realidad (que pudo ser asquerosa y estropearnos los sueños) y lo otro es lo que un escritor o un poeta imagina y, a través de ese acto creativo, nos muestra su habilidad, su capacidad de maravillarnos, quizá sus sueños.

Jessica Lewis en Pexels

Así sucedía en Bandera Negra, que ya reseñé aquí: no era la libertad la que llevaba a la protagonista femenina a estar en un barco pirata. Era precisamente la proteción que le daba la familia. Una protección peligrosa, pero efectiva, y que no excluía ni su libertad, ni su feminidad.

En este caso, vuelve a suceder: no es la libertad, y mucho menos un capricho, lo que lleva a la protagonista femenina a hacer lo que hace. Pero eso que hace, la define.

León Arsenal crea un personaje femenino que, en mi opinión, “se come” a todo lo que ha pasado antes de su aparición y a lo que pasa despues. Una mujer con un carácter complicado -caprichosa, sí; obstinada, también…- pero que va transformándose sutilmente poco a poco hasta el momento final.

Al amigo que me lo regaló le doy las gracias porque me parece un libro maravillosamente escrito, muy bien documentado (perfectos esos escoceses que no hablan gaélico, cosa de bárbaros de más al norte y más al oeste) y perfecto en la visualización de movimientos, batallas, hogueras en la noche, polvo y sudor, para ilustrarnos sobre un hecho poco conocido de la Reconquista (ya en el siglo XIV) y fantasearnos con un personaje de lo más romántico y maravilloso de su escritura.

Recomendabilísimo para quienes sepan apreciar la buena escritura de historias maravillosas.

 

El estrellero de San Juan de la Peña


(Reseña dedicada a Ángeles Navarro, que también escribe maravillas y es abuela narradora).

Esta novelita -o mejor fábula (recojo aquí el tono del epílogo de Táin II, pero sin acritud)- llegó durante el confinamiento mayor, de forma gratis et amore por la propia autora, Ángeles de Irisarri, que lo puso online para quien quisiera bajarlo. Así lo leí en mi KIndle, hace ya más de un mes.

Me da que las escritoras llamadas Ángeles tienen un… aquel para la ternura (aunque algunas practiquen el género negro con fran habilidad).

El caso es que esta fábula se lee de un tirón no porque sea “fácil” en el sentido de poco compleja, que también, sino porque así lo ha querido la autora, narrándolo de una forma que recuerda mucho a cómo contaban los cuentos las abuelas o las mamás, a los niños de antes.

Y este estrellero es un Barón Rampante a su estilo, porque “el árbol” en el que pasa tanto tiempo subido es una plataforma que se ha fabricado él para ver mejor las estrellas. Y como vive en San Juan de la Peña, no hay más árboles a los que agarrarse. El estrellero, que en realidad es un físico, lo primero que encuentra en Aragón es un perruco de esos que se ven en algunas partes de España cuidando los ganados, con su cara bonachona, su pelo compacto y su ladrido ronco y batallador. Y por eso, el protagonista pasa mucho tiempo sin hablar con humanos, pero tampoco con perros, que no necesitan que se les hable para entender…

Y luego hay distintas incidencias: un abad que se muere y hay que embalsamarlo; un monje que se muere de pena por lo anterior; una corte militar que llega a San Juan con sus vanidades y sus violencias, pues los abades allá eran laicos entonces, como en Clonmacnois e igual de irritables; un hombre extraño al que unos dan por loco y otros por desgraciado, pero que preocupa tanto que los monjes hacen venir a sabios de toda Europa para tratar su caso (me alegra que un monje de Bobbio estuviera entre ellos, aunque la autora lo pinte italiano y no de los fundadores, que eran muy estrelleros también) ¡y vaya la que lían para averiguar el estado mental del pobre hombre!. Hay también una bruja que no lo es, y unos viejucos cascarrabias dando la lata en el monasterio.

Foto de Miriam Espacio en Pexels

Y… ¿conseguirá el estrellero ver su estrella?

El librito se lee fácil porque es una fábula llena de sencillez y de ternura. Más que una novela histórica, que no se ha buscado, es un relato tradicional de magia oral, pero puesto por escrito, con humor y una sonrisa de autora. Y que nos lleva al pasado y a uno de los lugares más hermosos y emblemáticos de Aragón, pero sin épica, más bien con dulzura.

Un librito recomendable, ¿saben para qué? Para leer a los niños antes de que empiecen a mirar móviles y zarandajas que no les darán ningún calor.