La sala de máquinas


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En otra parte de este bosque he hecho una breve reseña del libro de Andrew Jotischky «El mundo monástico. 1200 años de Historia». Ahora que lo estoy leyendo el profundidad puedo adelantar algunas conclusiones a modo de resumen o reseña para el lector, aunque aún podré profundizar más cuando termine de leerlo.

Me ha gustado mucho la definición del monasticismo general como «la sala de máquinas» de la Edad Media, en el sentido de que muchos de sus aspectos no son simples ramales u «opciones» vitales personales, que en muchos casos pueden quedar en la oscuridad para el historiador, sino realidades humanas plasmadas en un tiempo único y real de la vida colectiva.

Estas realidades van mucho más adentro que la propaganda o la ideología posterior adhirieron al oficio de monje o monja. Así que, cuando se acerca a la experiencia personal de los varios niveles de «monjes» que existieron en la realidad, salta de los lugares cómodos y se centra en lo que significaba para unos y otros vivir en una comunidad monástica, en cada momento histórico, desde el s. IV a la Baja Edad Media; desde Egipto hasta Hibernia.

Al repasar el mundo irlandés encuentra que el monasterio era un sitio de refugio frente a una sociedad amenazada por la violencia endémica y por la dureza del terreno. También una construcción simbólica de lo Sagrado (Lo que está en el interior), con la distribución del hábitat dentro del recinto amurallado, en círculos concéntricos. La hagiografía demuestra que la cantidad de murallas indicaba al mundo exterior la mayor fortaleza y la mayor importancia de lo que estaba dentro, lo que contenía.

Señala también las formas de convivencia y organización (…»que sugieren intrigantes paralelismos con otras partes del mundo Cristiano») sin ser copia de nada e interpretando a su manera -hondamente basada en la realidad del terreno- los ideales de la tradición oriental, adaptándose a la forma específica de su sociedad.

En una próxima entrada volveré a tratar sobre el contenido de éste fascinante libro, repleto de datos (no números) y de una forma peculiar de mirar el monacato en el mundo medieval.