Toros debajo del agua


Three trumpets from the Dowris hoard. By Jononmac46 -Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/wiki/File:Dowris_Hoard_(2).jpg

El hallazgo en el s. XIX de un tesoro arqueológico de la Edad del Bronce en una turbera irlandesa que contenía una impresionante colección de instrumentos musicales, ha proporcionado bonitas sugerencias a los que nos entretenemos con la mitología «celta» de Irlanda. Y a los interesados en la música antigua, una fuente de investigación y de disfrute, al comprobar la capacidad sonora y melódica de tales instrumentos.

Recordemos que en Arqueología, «tesoro» indica una deposición intencionada de objetos, que casi nunca son de metal precioso, aunque haya notorias excepciones.

El «tesoro de Dowris» procede de una turbera que en su momento había sido una laguna, en la comarca más bien pantanosa de Birr (Condado de Offaly). Las turberas de Irlanda no solamente proporcionan cuerpos humanos momificados, sino también tejidos, armas, naves, instrumentos musicales, carreteras y puentes de madera… En fin, el otro mundo.

Se supone que en esa laguna se produjeron a lo largo del tiempo depósitos de objetos con intención ritual. Los instrumentos musicales se han datado en la Edad del Bronce final. Actualmente, el tesoro se encuentra repartido entre el Museo Nacional de Irlanda (Sec. Arqueológica, en Kildare St., Dublín 2) y en el Museo Británico de Londres. 

El hallazgo constaba de hachas de bronce; cuchillos y navajas de trabajo con distintas formas que han ayudado a la datación; puntas de lanza y espadas; un caldero y unas sítulas o pequeños recipientes, y también nada menos que 74 instrumentos musicales de viento e idiófonos.

La mayoría de estos instrumentos eran grandes sonajeros o cascabeles con forma de turmas de toro. En los artículos que estoy consultando en inglés los llaman «crótalos» (crotals) pero la RAE los definiría como cascabeles o sonajeros, pues se trata de idiófonos que suenan al ser sacudidos y no al ser chocados, como los crótalos, que más bien funcionan como castañuelas.

Además de estos gruesos sonajeros había gran número de trompas o cornos metálicos, unos para soplar desde un agujero situado a un lado y otros para hacerlo desde el extremo, por medio de una boquilla sin caña.

Six crotal bells from the hoard in the British Museum. By Jononmac46 -Own work, CC BY-SA 4.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=119817921

En el artículo de la Wiki sobre el particular se menciona a mi amada historia de amor y cuernos, el Táin Bó Cúailnge, que cada vez me parece más antiguo. No estoy tan segura de que fuese una cosa de fertilidad lo que se celebraba arrojando a la charca turmas de toro individuales. Pero no es difícil suponer que los sonajeros se tañían de dos en dos… simplemente atándolos a la ropa de alguien que brincara o los agitase para hacerlos sonar.

La parte final de El Táin, con un combate entre los dos toros que «renueva el mundo» y le da nombre de partes del cuerpo de un toro, me sugiere que esa historia viene de muuucho antes de que «celtas» llegaran a Irlanda, con su lengua y todo el aparejo de la Edad del Hierro (poco común en la Arqueología de Irlanda) y de que monjes posteriores (con su cálamo, su latín y lo demás), escribieran el cuento en esa lengua, entre el X y el XII DC.

Porque el Arte a veces sugiere más cosas que la Arqueología, sin decir palabra… La música espeluznante que resulta de la recreación de esos cornos y sonajeros de la Edad del Bronce es más evocadora, porque va directa al cerebro sin pasar por lengua alguna.

Mirando el famoso panel de los toros de la caverna de Lascaux, una tiene la impresión de que quizá la asociación toros-caballos-agua que se ve en el Táin, y precisamente en su epílogo, viene de muy lejos:

Entonces el Pardo empujó a Cuernos Blancos durante un día y una noche, y se metieron en el lago que hay junto a Cruachan. Luego (el Pardo) salió de allí con los lomos, la paletilla y el hígado de su oponente en los cuernos.

En los años 90 ese sonido podía escucharse en unas grabaciones que se activaban al pasar delante de la vitrina en que se exponía este hallazgo, en el Museo de Dublín. Hoy podemos escuchar los cornos de Dowris en una grabación hecha con una recreación técnica y bien estudiada de estos instrumentos arqueológicos.

Pincha y escucha, que dura poco, muchísimo menos que esa historia tan poderosa, el Táin.