Esta entrada…


Esta entrada sirve para cumplir con mi compromiso de hacer al menos una entrada a la semana. Bloguear para divulgar Historia me obliga a tener en reserva algo nuevo al menos un par de veces al mes.

La verdad, me cuesta. Pero bueno, hoy no va de Historia.

He venido tirando para nuestra publicación mensual de lo que tengo escrito desde hace años (¡que esto empezó en 2010!), pero resulta que algunas entradas hay que revisarlas de acuerdo a nuevos estándares en la investigación, o bien Mujerárbol mísma se ha actualizado con aportaciones de escritores o investigadores más cercanos a este tiempo (loco).

Esto me obliga a un equilibrio que va siendo complicado. Aparte, hay labores de casa y obligaciones familiares; compromisos y problemas de tener ya una «edad media»… y que hay que dejar sitio para otras aficiones (pintura, pajareo…) y, en fin, lo que es vivir.

Para mas inri, estoy entretenida con la escritura de algo que no sé como terminará, y por supuesto, con la lectura de otras cosas que no siempre son de Historia. La actualidad y algunos libros buenos ayudan bastante a sacar la cabeZita; bueno, la actualidad no tanto, que te puede dar una pedrada en la frente a poco que te descuides.

He leído recientemente a Ignacio Peyró (Comimos y Bebimos) muy divrtido y ameno a Rubén Amón (El fín de la fiesta); a Rebecca Wragg Sykes (Neandertales: la vida, el amor, la muerte y el arte de nuestros primos lejanos); algunos libros de divulgación histórica monumentales, tanto en la paginación como por el resultado (José Soto Chica: Imperios y Bárbaros; Yeyo Balbás: Espada, hambre y cautiverio) además de repasar alguna que otra obra anterior sobre La Hispania Antigua o sobre aspectos del mundo medieval Hibérnico, más allá del estudio de sus textos.

Y ahora tengo entre manos nada menos que a Álvaro Cunqueiro, mi favorito, que no dejo de exclamar «¡pero qué bueno era!» cada vez que paso una página de su «Escuela de Curanderos y Fábula de varia gente», en edición a cargo de su hijo César (Ediciones 98, 2023). Esta lectura me sirve para leerla en español, que ya la había leído hace muuuchos años en gallego, y para comprobar que sigo «escuchando» el acento gallego cuando leo autores que tienen esta lengua. En la nueva edición además, se han sabido dejar ciertos giros propios de élla, que le dan todavía más sonoridad a mi «alucinación auditiva», y a la delicia de leer un castellano salpimentado con esa maravillosa cadencia… dentro de la ingeniosa y florida fantasía del autor.

Y así va una gastando su ojo, mientras gasta el oído en músicas relajantes, bandas sonoras, pellizcos clásicos y étnico-antiguos… Por cierto, ¿conocían vds. a éstos?

Seikilos era el nombre del personaje que dedicó en un epitafio a su esposa la canción más antigua con notación musical que se conserva en el mundo Mediterráneo.