
Cuando expliqué en este blogo lo que eran los Anales irlandeses y su valor histórico, me planteé si hablar también de la manera en que se hizo Historia en España en la Edad Media.
Pero como tiendo a enredarme y hacer entradas muy largas, o revisarlas quinientas mil veces… (esta ya lleva varias revisiones, ¡eh!), pues he ido a lo mollar.
La pregunta estaría mejor formulada diciendo «¿cuáles son las fuentes de la Hª de España?». ¿Existirían «Anales» cronológicos en el mundo hispano-romano durante el Bajo Imperio? ¿Estaban estos «anales» aquí, en la Roma que saquearon los godos en 410, o en Constantinopla? ¿Se valieron de estos documentos los «Coronistas» posteriores para hacer «historia» de sus propios sucesos, ya en la Alta Edad Media, durante los reinos de la Península, o ya se había perdido todo y había que echar mano de algún libro de autor reconocido, como Isidoro de Sevilla?

Ayer, escuchando una magnífica charla divulgativa del prof. Santiago Castellanos acerca del funcionamiento del Reino Visigodo, me llegó una idea: resulta que se estaban estudiando unos textos tardorromanos (recogidos en torno al siglo V), que se rastreaban a través de escuetas informaciones en distintas fuentes historiográficas (o sea: escritas con intención de hacer «historia»), que informan de sucesos del mundo hispano-godo. No sé mucho más sobre esos documentos, que el prof. Castellanos dijo se encontraban en fase de estudio y denominó «textos de aluvión» es decir, que están realizados a base de «guijarros de información» recogidos acá y allá, de distintas manos, en momentos diferentes y con distinto peso, color y materia…
El nombre de esos documentos, según el mismo profesor, indica que ciertas partes de ellos podían emanar del Estado (el Estado Romano de Occidente), y eso es lo interesante que quería señalar Mujerárbol: que al contrario que los Anales irlandeses (monásticos y limitados a territorios tamaño provincia actual española, aunque luego se fueran ampliando) se trataría de documentos sostenidos y salidos del Estado, de un Estado enorme.
O sea, que tenían el mismo origen que los «Annales» originales de Roma, aunque tal vez no recogerían triunfos y glorias (es decir: propaganda) sino cosas sueltas, datos que se ponían en relación unos con otros por «historiadores» posteriores, etc.
Las Crónicas de reinados medievales surgen cuando tales poderes centralizados obtienen la capacidad de organizar obras de largo alcance, en colaboración con la Iglesia o con escribanos laicos. Eso quiere decir que en su fondo, las Crónicas beben de la tradición intelectual romana y del honor de Isidoro de Sevilla como «sabio» en muchas materias, especialmente en Historia. Hay que tener en cuenta que muchas de ellas se usaban por profesionales para escribir otras historias, a la vez, o después. Por tanto hay que conocer cuándo y cómo se escribió cada cosa, datarlo adecuadamente y ver si recoge cosas de textos anteriores y cuál es su relación con éstos, o se trata de originales.
Las Crónicas en general, que aparecen ya en la Plena Edad Media, a partir del s. XI y XII, se caracterizan por su extensión y por cierta objetividad en el enfoque, aunque la propaganda juega un papel importantísimo en ellas. A menudo poseen un distintivo sabor literario y fueron copiados y estudiados -con distintos criterios e intenciones- hasta el siglo XVIII.
Muchas de las Crónicas medievales hispanas son fuentes indispensables para el estudio profundo de nuestra Historia, como se indica en este blog utilísimo y rigurosamente ordenado, que tiene enlazados en pdf (y en otros formatos) algunos de los textos en cuestión.
Aún así, es indispensable la crítica y el conocimiento de cómo se elaboró cada texto, pues ¿y si resulta que hay añadidos posteriores, que corrigen/transforman un hecho, o lo estiran, o lo «desaparecen»? ¿Y que pasa si no es posible separar verdad de mentira o si hay dudas sobre las fechas? Gracias a los dioses, hoy contamos con muchas ayudas externas: Arqueología, Paleografía, acceso a publicaciones antiguas y extranjeras, repertorio escritos y en manejables pdf…
Otra ventaja es que, aunque algunas Crónicas medievales utilicen una cronología de origen bíblico, es fácil datarlas según la convención actual, porque hoy existe un consenso historiográfico al interpretar las dataciones que se salen de la norma. Como ejemplo de ésto último, sepa el lector que las dataciones en «Era Hispánica», un sistema cronológico que se empleó en las administraciones altomedievales hispanas, dejó de usarse en los propios Reinos Cristianos de la Península ya en la misma Edad Media, en torno al siglo XIV, precisamente por consenso entre Reyes, clérigos y Cronistas.
Por supuesto, también circularon en España Crónicas e Historias musulmanas, sobre todo a partir del s. X. Tenían su propia datación (en el «año de la Hégira») y alguna de ellas, como el Ajbar Machmúa, son una fuente riquísima para el conocimiento de hechos tan importantes como los primeros años del Califato andalusí.
La Ilustración del s. XVIII, y finalmente el siglo XIX y sus normas científicas, terminaron por editar críticamente muchas Crónicas y textos históricos antiguos relativos a Hispania y sus distintos Reinos medievales, dándoles diferente «peso» como fuente para el estudio histórico, contrastando unas fuentes con otras y con otros conocimientos, como por ejemplo la naciente Arqueología. Y cabe decir ambién que algunos libros importantes de datación medieval, u obras posteriores basadas en ellos, así como documentación básica e investigaciones en curso, se perdieron irremisiblemente durante la asquerosa temporada de 1936-39.
En conclusión, nuestra historiografía parte de una forma de «hacer historia» que no puede ser comparada con la piadosa labor de recordar a los difuntos de cada año en un pequeño monasterio perdido, allá al Oeste del Mundo. Desde su origen, ya llevaba sobre sus hombros la forma romana y clásica de ver las cosas (un poquito funcionarial y «objetiva») con sus pros y sus contras. Mientras que, en otra partes solamente podían contar con tradiciones orales que incluían ficciones imposibles de comprobar amplificadas como «Historia»; en Hispania y luego en sus Reinos Medievales, se buscó la recogida de documentos y libros en los que basarse para ordenar los hechos y explicarlos.
¡Ah! y si teclean en Google «Anales de España» no encontrarán Historia, sino que verán publicaciones anuales de corporaciones o colegios civiles (Médicos, Biólogos, Abogados…) donde se recogen cuestiones de interés para los miembros de las mísmas.
A ésto, además de al nombre de una corriente historiográfica muy moderna e interesante, de origen francés, es a lo que se aplica el nombre «Annales» actualmente en esta parte del mundo.