(…y nusotros) (entrada actualizada)

Estoy fascinada por la «máscara» de datación Musteriense (quizá neandertal, 75.000 años) que ilustra este post.
Siempre me ha interesado el Arte Paleolítico, que cada vez se va más hacia atrás en el tiempo y sugiere más cosas. Su belleza es fácil de percibir, y a algunos nos inspira el reproducirlos, sobre todo con herramientas que dependen más de la mano que de procesos artificiales.
Esa máscara, denominada «Máscara de La Roche-Cotard» por el sitio donde fue hallada en 1997 un yacimiento francés del Valle del Loira. Es un objeto compuesto por una roca retocada y dos laminillas de hueso introducidas en un hueco que hay en la parte superior del objeto. El efecto de la imagen es inmediato: ¡Nos mira!
En el mismo yacimiento arqueológico han sido recientemente descubiertas digitaciones y «macarroni» llevadas a cabo por Neandertal en paredes con barro fresco, formando «paneles» con formas intencionadas, aunque completamente abstractas.
Lo cierto es que, muchas veces, es nuestra mente la que «ve» una imagen donde no la hay, o sea, que se trata de una «pareidolia«… o bien un truco-del-almendruco por parte del pintor/escultor que, al igual que hacen los artistas más modernos, nos induce a ver objetos, posiciones en el espacio, tonos de luz, rasgos concretos, etc. por medio de una técnica más o menos compleja. Nuestro cerebro es capaz de «ver» imágenes donde no las hay, eso está claro. Todos hemos pasado ratos tontos buscando elefantes u ovejitas en las nubes una tarde de verano. Todos soñamos (creo). También, durante los procesos antes y después del sueño podemos tener alucinaciones hipnagógicas o hipnopómpicas (visuales, sonoras, espaciales…) que no tienen relación con patologías y (normalmente) tampoco con la ingestión de drogas o bebercios raros.
Pero además, cabe la posibilidad de que ya entre nuestros lejanísimos antepasados, existiera esa conexión neuronal. ¿No es eso lo que plantean algunos objetos que se han encontrado en contextos arqueológicos bien datados y que fueron transportados por (pre)humanos hace cientos de miles de años porque parecían algo?
De momento, en la bibliografía en inglés los llaman manuports u «objetos transportados a mano». Quizá el más llamativo de ellos sea además un candidato a desaparecer pronto de la visualización pública en internet debido a la plaga puritana-politicorrePta que nos invade.

No, no es lo que parece; pero eso mísmo debió parecerles a quienes lo transportaron hasta el lugar donde fue encontrado, un yacimiento aqueológico de Marruecos, en unos estratos dieron una fecha entre 300.000/200.000 años BP. El objeto es, en realidad, la huella fósil de una sepia, que procede de un yacimiento geológico fosilífero a muchos km. del sitio arqueológico donde apareció.
Es decir: alguien lo llevó desde allí al lugar que muchísimo después, excavaron los arqueólogos.
Existen otros objetos, cuya forma se debió a la casualidad o a procesos geológicos, pero que fueron llevados aposta al yacimiento por alguien del pasado, donde los arqueólogos lo encontraron ahora, datando la presencia (pre)humana en el yacimiento, que deparó solamente herramientas. Las dataciones dependen del contexto arqueológico en el que aparecen, aunque al tratarse de fósiles (generalmente) se datan por la fuente geológica de donde fueron recogidos…
El más antiguo de estos objetos es una «carita» encontrada en un sitio ocupado por nada menos que Australopithecus Africanus. Al objeto lo llaman «El guijarro de Makapansgat» (Sudáfrica) y por el contexto en que fue hallado, tendría cerca de 3 millones de años…
¿Sería así como nació el Arte, cuando nuestros lejanísimos antepasados empezaron a «verse» en cosas del mundo real distintas a ellos?
Al margen de «lo que quisieran decir» los antepasados con tales objetos o expresiones materiales, el caso es que nuestra capacidad pareidólica debió tener algo que ver, porque nos sigue pareciendo que esa máscara de La Roche Cotard es una cara y seguimos apreciando «figuras» en pedazos de piedra, retocados o no. En un artículo que se ocupaba del chamanismo, leí la proposición de que esta capacidad humana, la capacidad pareidólica, junto con nuestro estado de alerta innato ante posibles peligros (más desarrollado en tiempos remotos que ahora) podría estar en el origen de la creencia de que hay otros seres que se mueven junto a nosotros (ángeles, espíritus, etc.).
Más tarde, se llegaría al siguiente escalón, que es que podemos interaccionar con tales seres, lo cual sería el fundamento del propio chamanismo. Mircea Eliade, el gran historiador de las religiones del s. XX, postulaba el chamanismo como la más primitiva expresión religiosa humana, y conste que su trabajo indica que es de todo menos «simple».
También hay otros objetos, hallados ya en contexto arqueológico bien datado, que pueden tener una forma general «humanoide» o haber sido retocados para acentuarla. Tal es el caso de la «Venus de Berekhat-Ram» (Israel) y la de Tan-Tan (Marruecos) datadas en 200.000 y 300.000 BP. Mediante análisis con métodos que permiten detectar huellas de uso y marcas microscópicas de herramientas humanas, se supone ambos objetos son guijarros modificados adrede para asemejarse a formas humanas. En estos dos casos ha habido no poca discusión acerca de la intencionalidad de ciertos rasgos de tales «esculturas», si bien su «bulto» o linea general nos recuerda tanto a las estatuillas femeninas del Periodo Gravetiense (Paleolítico Superior) que por eso las han llamado así, «venus».
Actualmente, la Arqueología tiene herramientas poderosas para distinguir donde pudo haber trabajo humano y dónde no, por lo que algunos de los hallazgos del Arte más antiguo de la Humanidad pueden constatarse como tales «obras» aunque siempre es discutible si una determinada forma representa intención simbólica o es una herramienta de trabajo (ej. la discusión acerca de la utilidad de los «bastones de mando» que tanto abundan en el Arte de la cornisa Cantábrica, ¿para enderezar flechas o azagayas, para adornarse, para…?).
Ya en el Paleolítico Superior (35.000-10.000 BP), aparecen representaciones teriomórficas (mitad humano mitad animal) tan sugestivas como el Hombre-león de Hohlenstein y sobre todo, las «Venus» auriñacienses, y finalmente las pinturas y grabados franco-cantábricos o los grabados del alto Duero, en la Península Ibérica y, en fin… desde ahí a Velázquez y a Picasso.

Aunque existe pintura (y restos de ella) atribuida a Neandertal, lo cierto es que los grabados más o menos controlados, a base de rayas y trazos hechos con los dedos (antes los llamabamos «macarroni»), son seguramente lo más antiguo que alguien con cerebro parecido al nuestro hizo alguna vez.
Los grabados sobre cantos de la cueva de Blombos (Sudáfrica) (hechos con otros cantos) y los grabados en forma de «hashtag», ya neandertales, en Gorham Cave en Gibraltar, son de este tipo…. hasta que se ha descubierto que Homo Naledi también «hacía rayajos» (aprox. 300.000 BP) sobre piedras y paredes… aparte de enterrar a sus semejantes.
Es un enorme trabajo científico el determinar si un objeto ha sido o no retocado intencionalmente por mano humana para darle una forma concreta. Hay que buscar huellas de trabajo (tallado, pintado) mediante imágenes computerizadas de elevadísima resolución, así como un escrupuloso protocolo anti-contaminación para poder datar el objeto del que se trate. Luego está la excavación minuciosa, que permite reconstruir la integridad del objeto, si es que nos ha llegado en pedacitos, como el caso del hombre-león de Hohlenstein-Stadel y otras figurillas.
Muchas dataciones de pintura paleolítica se hacen utilizando nada menos que la estratigrafía de las finísimas «coladas» de calcita que recubren un panel, o que se encuentran adyacentes a él. Por este sistema se han datado los rastros de pintura posiblemente neandertal de El Castillo, en Cantabria. Hace años, sencillamente ver un «macarroni» parcialmente tapizado por calcita nos ponía de los nervios… ahora sabemos que esas capas finísimas (menos transparentes cuanto más tiempo y estratos acumulan) pueden «excavarse» por métodos físico-químicos…
Dejaré abajo algún enlace donde se pueda ampliar un poco más toda esta información.
Y sí, me apasiona la Prehistoria. Por eso he caminado y me he arrastrado con luz de carburo por algunas cuevas cantábricas. La imaginación sigue siendo libre.
PARA SABER MÁS:
Enterramientos y grabados rupestres realizados por Homo naledi
- Conferencia en el MAN 2021 acerca de pintura posiblemente Neandertal en la Península Ibérica (formas de datación explicadas por el conferenciante).

Respuestas
Me alegro por su interés. Lamento no haber conocido antes su magnifico blog. Ayuda a bajarnos de la nube y además forma. ¿Máscara «empática» y Neanderthal? Sugiere mucho, empezando por la «fuerza interior».
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Muchas gracias por su comentario. ¿Verdad que tiene fuerza esa «máscara»? El Arte Paleolítico siempre me gustó, precisamente por esa fuerza tremenda, que no se sabe muy bien cómo nace. Las pinturas son maravillosas, pero la «escultura», muy poco conocida.
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Reblogueó esto en EL BLOG DE JOEL HERAKLIONy comentado:
Para mí son muy importantes las aportaciones que Mujerárbol hace la la cultura y al conocimiento.
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Estupendérrimo hilo. Gracias Doña Carmen.
Y conste, que, cuando vivía en USA, mi chico menor se hizo un perfil genético, y le dijeron que por parte de su madre, tenía bastante herencia Neanderthal . ( Por lo visto es de lo más frecuente en el Norte de Europa, y aunque mi familia materna es vasca, la de mi padre, sevillano, en realidad eran mercaderes que habían llegado a Sevilla desde los Países Bajos. Y hay mucha piel blanca, ojos claros, y pelo rojizo entre ellos ) Así que, tan extinguidos y tan independientes , no son , creo yo.
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Según parece TODOS los que no somos de origen africano (aunque por ahí le ande) tenemos un mínimo de 4% de neandertal, segun los descubrimientos del Nobel Svante Paabo. Se ha puesto ahora de moda y tal… Pero la verdad es que esa máscara me tiene «epustuflada» por su comunicación directa: es una cara, quizá no del todo humana (¿felina? por eso he puesto al Hombre-león de Hohlestein). Ignoramos todo acerca de las creencias (si las había) tan antiguas; aunque luego, más cerca de nuestro tiempo, muchas pinturas «cantan» cuentos y relatos largos antiquísimos…
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