
Dicen que en el abanico de colores actuales hay un negro más negro que todos.
Se trata, claro, de algo artificial: un pigmento desarrollado por una empresa y aplicado en asuntos espaciales, que es la monda, pues su negrura enmascara cualquier resquicio de luz y se lo «traga» hasta un 99,96% o más, según las utimas versiones. Una monería propensa a las novelas de Ciencia Fricción y de fantasía espacial… Lo llaman Vantablack.
Bueno, pues en negro Vantablack estoy desde hace unas semanas. Problemas de oído y de sueño, y otros problemas menos fácilmente explicables. Desánimo en general, y pocas ganas de abrir el peródico… Claro que esto lo comparto con bastante más españoles que lo otro.
El caso es que cada dia enciendo el PC y no soy capaz de postear ni un «ji» ni de escribir una ful. Pintar todavía pinto algo, pero poco. La lluvia, que antes me parecía una maravilla, me aocogota. Ni siquiera atino a pasear, así que camino por casa como una ameba vantablack, auque más cabreada que una ameba. Me fastidian (con j) las «redes sociales» que antes recorría a la busqueda del «like » de unos amigos o a que me contaran cosas graciosas… Pues ni eso; voy descolgándome de una en otra, a la semana, si entro 10 minutos, es un record.
Pocas cosas alivian mi Vantanegrura, no encuentro motivos ni para acostarme (y dormir malamente). Me estaría brujuleando con el kindle hasta quedarme sin vista, durante horas -ahora estoy leyendo una cosa muy chula sobre los godos; por cierto, escrita por un ciego-, y eso me enseña que antes del año 600 la vida era también bastante vantablack.
También tengo abierta una mátrícula un un curso online en cierta universidad, pero pero parece que estoy tan despistada de horario y de conexión que cuando consigo enterarme del dia y la hora de la clase… llevan a mi madre al hospital.
(Menos mal que ya está en casa, laus deo).
En fin, negro. Seguimos. Espero que la Navidad venga a salvarme, pero no sé ya…