… y el metal


Uno de los videos de Eurgenio Monesma sobre la artesanía de algo aparentemente tan humilde como los cencerros. Primero veanlo, y luego, vámonos lejos…

Esa artesanía -que ha de venir de la Edad del Hierro por lo menos, aunque seguro que hubo campanos o cencerros mas o menos «roncos», con otras aleaciones- me ha recordado lo que yo llamo «camapanos» altomedievales irlandeses (allá, en inglés, handbells y en nativo cloc (ver https://dil.ie/9540) que parece que se tenían algún uso litúrgico (y no me la imagino sino fuera del templo, como han aparecido en contextos que ya he comentado en otra ocasión) y también con otros sentidos rituales (maldecir, exorcizar…) y, desde luego, hacerse oír

Primero, por la pre-forma que el artesano da al objeto: exactamente la forma «irlandesa» con los lados cortos rectos y luego por el sonido. En el mismo video el hombre nos revela el secreto de hacer más o menos rasposo (ronco o grave) el sonido del campano, cosa que a mi me asombra porque he perdido bastante del poco oído que tenía y precisamente esos sonidos tan agudos casi me duelen…

Resumiendo: el mismo proceso para el mismo objeto.

La palabra irlandesa cloc parece que procede de un latín tardío «clocca» lo que concuerda con su origen cristiano y su datación altomedieval; No menos curioso resulta el que eDil invoque la misma palabra para el origen del «clock» inglés. En cambio, a mi me hace sonreír el  origen del vocablo «badajo», que el Diccionario irlandés lleva mucho más lejos que el DRAE, si se dan vds. cuenta y leen algo de griego… 😄

Es probable que el ganado irlandés llevara campanos muy parecidos a los que fabrica el artesano de Ciudad Rodrigo, en los que se inspiraron las campanas de mano eclesiásticas de Hibernia. Lo único que no sé es la aleación exacta de esas campanas irlandesas medievales, tocará investigar algo.Algunas de ellas, es claro que ejercían de reliquia y sería raro el escucharlas, tal como están decoradas y llenas de remaches, además de devoción, con el paso de tiempo.

Lo curioso es que su uso litúrgico (señalar las horas… ya que no lo hacían con un madero itinerante, como en los monasterios Ortodoxos, o con una manta, como decían en algún pueblo de Cuenca) incluía también el juramento solemne sobre ella, y la exorcización del terreno, como bien relata la leyenda sobre Columbcille y su «tour» alrededor de la actual villa que lleva su nombre, ensordeciendo diablos. Aunque alguna variante de esta historia lo que dice es que les tiró a la cabeza la campana de marras… ¡Ah, el humor gallego!

Hemos hablado otras veces de esos campanos en Mujeárbol, tan intimamente ligados estaban a la cultura eminentemente ganadera de la Irlanda Medieval, que bueno es que en Ciudad Rodrigo haya quien los hace parecidos, aunque aquí tenemos un inigualable paisaje de dehesa para los animales que los hacen sonar, cosa que allá nunca existió, y que aquí creó -andando la Edad Media- esa cosa difícil de hallar en aquella isla que son los «los terrenos comunales» para aprovechamiento ganadero…

(Hay una entrada fija/republicación en Mujerárbol -solo lo estará temporalmente- que hace alusión a una campana irlandesa.)