Pos sí, el fin de semana saldré a contar pájaros.
Menos mal que en este caso son grandotes y visibles: cormoranes y milanos reales.
Para saber como se las apañan en este mundo de Dios para contar pájaros, mejor mirar las instrucciones de SEO. Pero en este caso tengo alguna experiencia. Todo consiste en Madrugar (o Tardear), pasar frío y… estar en contacto con mamá natura, cruda y hermosa; divertirse contando si es que se ven… a veces están, pero no se ven. Ellos son asín…
Contar en dormideros es más fácil, porque, siendo las aves bichitos muy obedientes a los dictados del señor (el Señor que sea, en cada caso), acuden a su hora a meterse entre plumas, y no se están hasta las tantas de copas, ni de «neflix», ni de fisgú… Entonces, como el año que salimos a contar milanos negros (mi primera experiencia), los vemos entrar por docenas en su área de pasar la noche o «dormidero».
Yo esta vez llevaré un «thing counter» en el teléfono, para ir dándole a la tecla cada vez que vea uno, (espero que funcione) así no dependeré de errores de vista -los mios son millonarios- o de oído («¡eh, ahí van tres!»≠ «¿que hora es?»). Pero bueno, habrá varios pares de ojos +1.
La verdad es que alegra la vista el verlos llegar. Por ejemplo: un dia, por casualidad (debía ser en otoño, pero no tengo foto ni manera de confirmarlo) levanté la vista y me pasó por encima, en un claro del Jardín del Príncipe, un hermoso milano real, bien reconocible por su color cuando se mira desde abajo.

¿Qué rayos hacía ese señorito por allí? La dirección que llevaba y las horas que eran (yo siempre visito los jardines muy temprano o cuando van a cerrar) me hace sospechar que acudía a meterse en la cama.
Los milanos negros (sus primos) son tan habituales, que todo este verano ha habido uno dando la lata por er puebro… Lo vi intentando entrar al huerto del convento S. Pascual… por la puerta. Andaba con tanto ojo que casi le roba a un despistao lo que le acababan de poner en la terraza de un bar…
Me pregunto si no será una artimaña de algún Señor para hacer visibles a sus ángeles sin que nos demos cuenta cabal de qué es lo que estamos viendo… La tradición humana me apoya, puesto que los ángeles poseen alas, no hélices…
el nuestro no es un amor perfecto, pero tampoco los ángeles tienen hélice… (Manolo García, EUDLF)
Saludos pajareriles desde el árbol.