Libertad, fraternidad y…


Cuando la gente oye hablar de los «tiempos antiguos» (que lo mismo pueden ser el s. XIV que ayer no más) hay que insistir en que la desigualdad no siempre proviene de tener más o menos riqueza, sino en pertenecer a categorías que hoy se nos antojan más artificiales cuanto más lejos nos vamos de lo conocido.

Por ejemplo, es habitual pensar que un señor feudal castellano tenía más dinero que algunos de sus vasallos menores. No sé yo si los profes se seguirán esforzando en romper esta creencia: un señor medieval no gozaba de mayor riqueza que la de poseer la tierra de la que tendría que alimentarse él y sus vasallos. pero el sistema no estaba basado en la moneda, sino precisamente en poseer o no poseer esa tierra…

En la Irlanda medieval, la principal distinción legal no era la riqueza, sino una serie de «clases» de personas ordenadas por el rango. Se nacía en una familia y un rango, que iba desde el Rey Supremo hacia abajo, donde estaban el siervo hereditario y el esclavo masculino. Las diferencias, tan matizadas por los textos legales que se repasan en el libro que tengo siempre a mi izquierda, no eran por poseer más o menos posesiones, sino pertenecer a un rango de persona u otro.

Al final del mencionado libro se enumeran los rangos en orden descendente:

Rey Supremo; rey superior de algunos reinos menores; rey de un solo reino menor; señor de testimonio superior; señor de precedencia (anteposición en el orden protocolario, según el DRAE); señor superior; señor al que se le debe vasallaje; granjero rico; pequeño granjero-agricultor; adolescente casi independiente (hasta los 17 años; llamado «hombre de medias chozas»), granjero de alquiler; siervo hereditario; esclavo (masculino).

Estos «estátus» podían cambiar. Fergus Kelly cita que «si un nemed (privilegiado) se comporta de forma inapropiada o falta a sus deberes como nemed, puede perder su rango. Por ejemplo, el precio de honor de un rey que se comporta como un cobarde en batalla puede ser rebajado al de un simple campesino, mermando su precio de honor. Le puede pasar a un obispo o a un señor que descuida tener la cantidad adecuada de vasallos, también sufrirían la misma penalización.

No se podía ser «liberal» en esos tiempos, allá, al Oeste de casi todo. Ya continuaremos otro día con las formas de hacerse respetar los derechos jumanos en aquella sociedad.

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