Los progres y los otros nos están dejando un mundo la mar de bonito. O de atún… Eso dicen las noticias. Ellos ahí están, cada cual mirándose en su espejito mágico, refrescándose los pinreles mientras los demás sudan, tiemblan ante sus predicciones y fechorías, y curran y vienen y van.
En sí, vivimos en un mundo mondongo, la mar de mondongo.
No soy tan ilusa de pensar que no hay peligros acá y acullá; no soy tan realista que no crea que aún hay salvación, al menos al pequeño nivel de nuestro pequeño país.
Quiero decir, que los españoles no nos enzarzaremos en mayores discusiones… ¿eh, verdad? Seamos hermanos, no primos.
Uff, que tiempos más mondongos.

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