He estado unos pocos días fuera y lo más interesante que me he traído ha sido un par de zapatillas mojadas, a traición, por el Cantábrico. Ha sido un año tan raro que hasta visitar mi región añorada me ha fastidiado las ganas.
Es una forma como cualquier otra de aprender que no se debe desear algo demasiadamente. Mucho «Zen» y poca cerveza, y aprender a renunciar a cosas que una desea mucho.
Quizá fueran mis últimos deseos antes de sumergirme en esa edad en que todo deseo se apaga como una hoguera a la que le echan encima una manta de agua. Y se ve como que no vale la pena pelearse demasiado por el deseo, ni por cualquier otra cosa.
Es así en este momento.
(Nota bene: no sé de donde ha salido esa tipografía que imita una enrevesada escritura a mano, mecachis. Tengo que mirar cómo cambiarla.

Deja un comentario