Lo peor


Lo peor de esta primavera cachipérrica no es el muermo de la baja tensión que me atenaza el ánimo de 9 a 9 horas.
Ni tampoco el ojo, que cada vez refleja más la luz en vez de acogerla (tengo que ir a revisión YA).
Tampoco lo de que es a las dos de la madrugada cuando más despierto tengo el intelecto y más rápidos los dedos.
Lo peor es que me parezca que los sueños ya no se podrán cumplir y que me agobie la pesadumbre de la puñetera mierda que nos rodea.

Y que, entonces, sea más difícil mirar a las estrellas.
(Aquí mi album de aquel dia que heló)