Historia de amor y cuernos (2)


«Tejerina», una novilla «odar» de raza tudanca. (Fuente foto: https://www.valledebedoya.com/Bedoya/vacas2/pages/Tejerina.htm).

Vellum, tinta y… seis manos

Con este capítulo, llegamos a la segunda entrega de la serie de amor y cuernos.

El Táin Bó Cuailnge es la pieza literaria más famosa y extensa de las literatura medieval de Irlanda, que son unas pocas… La redacción más antigua del Táin se encuentra en el Lebar na hUidre, el Libro de la Vaca Parda, datado a principios del s. XII.

El nombre del Lebar na hUidre hace referencia al color marrón grisáceo de una novilla parecida a la de la foto, que es un ejemplar de raza tudanca del Valle de Bedoya, en Cantabria. Los tudancos suelen tener esa capa gris amarronada tan bonita, que muchos pierden al alcanzar la madurez, cuando se vuelven de un pardo rojizo, aunque algunos conservan una capa más grisácea (y los llaman «tasugos», es decir, tejones). No estoy segura de que «odar» (genitivo uidre) señale solamente un matiz de color. La verdad es que me parece rara la existencia del vocablo «utrero/a», que se aplica en nuestra lengua, procedente de la jerga ganadera de bravo, a los novillos que tienen poco más de tres años, aunque no dice de qué capa sean. El Diccionario de Autoridades de 1739 recoge el vocablo de Nebrija, y le da una etimología latina, basada en «tres»… vaya… tres

Según la leyenda irlandesa, una maravillosa novilla «odar» facilitó el vellum con el que se escribió todo el libro, de ahí su nombre. Según otros, solo se utilizó para las cubiertas del volumen. Parece ser que una de novillo/a que estaba en Clonmacnois era una reliquia que se empleaba para otras cosas. El caso es que la leyenda general sobre el volumen dice que esa res era propiedad del fundador del monasterio, San Ciarán, y que la leche producida por el animal habría alimentado a toda la comunidad monástica primero y luego, su piel tuvo tan importante función en la narrativa y la lengua irlandesa…

Aunque en la Edad Media se usaba también piel de cabra o de cordero (siempre que estuviese bien refinada y preparada para la escritura), el vellum es piel de ternero menor de cuatro años, precisamente. Al contrario que la vitela, que se obtenía de animales nacidos muertos, el vellum era más áspero, pero mucho más barato y duradero para los escritos «de trabajo», o sea los que no eran para ser exhibidos, como los maravillosos evangeliarios cuyo ejemplo es el Libro de Kells.

El Libro de la Vaca Parda (LU) tiene intenciones de libro de consulta y es una compilación, es decir un repertorio o agrupación de textos distintos en un solo volumen. Era el formato favorito de los escritorios monásticos irlandeses, pues ahorraba material, ya que muchos relatos eran largos, como es el caso del Táin. El otro «gran libro» de la Irlanda medieval, el Libro de Léinster, es también una compilación (ya de la 2ª mitad del s. XII) y contiene, entre otros textos, la segunda versión del Táin, aún más extensa que la primera.

Fragmento de «Dinda na Tána» o «Los lugares del Táin» (RIA ms. 23 E 25).

LU se escribió a doble columna, lo cual indica el objetivo de ahorrar espacio. Contiene cuentos épicos de los Ciclos tradicionales (Ulster y Reyes); textos pseudohistóricos y algún material religioso. Todo en lengua irlandesa, aunque existen palabras o frases breves en latín.

LU muestra la asombrosa la variedad de recursos que los escribas empleaban para que sus textos fueran legibles, a la vez que «inventaban» cómo escribir en una lengua que solo hacía pocos siglos que se escribía en extenso. Por ejemplo, inventaron las abreviaturas que todavía hoy se usan en el gaélico. Arriba, se puede ver una imagen de las dos columnas de uno de los episodios de apertura del Táin, una lista de nombres de lugar. Cada línea empieza con la consonante «F»: es la abreviatura que inventaron para for (la preposición locativa «por/para» en irlandés, con sentido de dirección hacia) seguida del nombre del sitio por el que avanza la tropa.

Por cierto: de momento ha sido imposible recomponer sobre el paisaje irlandés actual semejante ruta, les digan lo que les digan a los turistas modernos. Los problemas de hacerlo son inabarcables, entre otros, consultar cartografía histórica, no solamente tradiciones toponímicas recogidas en la literatura medieval, desde el s. XII al XIX, además de recorrer a pinrel las cuatro o cinco posibilidades de ruta existentes y comparar con posibles cambios en el paisaje que no hayan sido recogidos en los mapas… Algo similar a la «ruta de D. Quijote», ¿cómo poner sobre el terreno una elucubración secular sobre el desplazamiento de unos personajes imaginarios?

En cuanto a lo escrito en el volumen, han pasado muchos años desde que en 1912 el erudito R. I. Best publicase Notes on the script of Lebor na hUidre, donde identificó las manos o autores del manuscrito LU, aparte de la que se creía propia del escriba principal, Máel Muire mac Célechar, magister scriptorium de Clonmacnois hasta su muerte en 1106. Tradicionalmente se les nombra A (Anónimo) y H (interpolador, porque escribió unas Homilías en el volumen) y M que es Máel Muire mac Célechar.

Un «interpolador» es quien escribe comentarios secundarios a lo que ha escrito otro. En la 3ª línea del fragmento de la imagen hay una interpolación, que se aprecia por el color diferente de la tinta y por la letra, que no es la de la mano principal, sino la de H. Lo divertido es que ese H debía de ser… un pulpo. Y es que, gracias al desarrollo de la (micro)fotografía y de la investigación paleográfica sobre el texto, actualmente se cree que H puede ser la mano de seis personas diferentes, en distintos momentos históricos.

Una de ellas pudo ser la de Siagráid Ó Cuirnín, un historiador del s. XIV que retocó partes del Táin y atribuyó el volumen entero a Mac Célechar, en una famosa jaculatoria incluida en un margen del libro. La parte buena es que H intervino poco en este relato: algún comentario o palabra al margen o encima de los renglones de otros, y poco más. Pero en otros textos del volumen, el escriba truhán llegó a raspar lo escrito anteriormente y a escribir encima sus propios comentarios o textos. Esto se llama escribir in rasura, un apaño demasiado obvio, que se hacía en todos los escritorios de Europa hasta la invención de la imprenta. Sí, para aprovechar el material.

De todos modos, como el ejemplar existente de LU está incompleto, pudiera ser que el manuscrito original tuviera más autores todavía. Porque LU estuvo perdido bastantes años, aunque existen rastros de sus escondrijos por fuentes secundarias. Y es que, aparte de «quiénes» lo escribieron y de cuáles fueron las fuentes de su contenido, otro misterio intrigante del libro es quiénes lo poseyeron… ¡desde mediados del XII hasta finales del s. XIX! que fue cuando se entregó a la Real Academia Irlandesa, donde hoy se conserva. Era un libro codiciado, precisamente porque los irlandeses medievales consideraban histórico todo lo que relata (por ejemplo, en el Táin) y su posesión era un lujo que, desde la decadencia de Clonmacnois, solo podían permitirse filidh de alto rango que trabajaran para señores de mayor rango todavía.

Gracias a la existencia de Anales, de noticias escritas directas y de otras fuentes indirectas, es posible rastrear parte de la peripecia del Libro de la Vaca Parda. Lo que empieza a saberse, tiene detalles que parecen una novela de aventuras. Por ejemplo: que el volumen debió de dar unos cuantos tropezones por el Oeste de Irlanda después del desmantelamiento de Clonmacnois y de la extinción de la familia de Mac Célechar, a finales del s. XII. Pero en el s. XIV empezó a estar asociado no con Connacht, sino con Donegal, en el Noroeste.

Antes de 1359 se sabe que el volumen ya estaba en ese territorio, en posesión de un «doctor poeta» (ollamh) de los Ó Donnell. En 1470 éstos atacaron y se llevaron del castillo de Ó Conor de Sligo (Connacht) éste ejemplar y otro llamado «El Libro Corto», como rescate por el hijo de un «jefe poeta» que «les pertenecía». Los Ó Donnell se encontraban entonces en plena expansión, gracias a su potencia militar (basada en los aguérridos gallowglass) y a fructíferas relaciones comerciales con España. Tenían como cronistas cortesanos a miembros de la familia Ó Cléirigh, que se habían mudado a Donegal y ejercieron allí como eruditos en materias históricas y poéticas, hasta que las guerras del s. XVII empujaron a emigrar a los últimos de ellos a territorio español en Flandes. Sus crónicas, intervención en Anales, compilaciones y noticias, y alguna nota escrita en el margen de otro libro, nos informan de que el volumen LU fue entregada como rescate a cambio del hijo de un «Doctor en Poesía» de los Ó Donnell, que había sido capturado por el señor de Sligo.

No se sabe bien quién fue el rescatado, pues hay varios candidatos, pero la tradición dice que esta recuperación costó una cantidad exorbitante de ganado: se citan entre cien y ciento cincuenta vacas lecheras como precio del rescate.

Si esto no es una historia de cuernos, ya me diréis.