El último fin de semana estuvimos en el P.N. de Monfragüe dándonos un festín pajarero que va a ser inolvidable.
Daban ganas de prorrumpir en aplausos y pedir, como antes se hacía en los teatros, «¡autor, autor!» y que QuienSea apareciera a saludar al público. Pero bueno, ya saludaba bastante la variedad del paisaje de Extremadura que disfrutamos: dehesa, monte y bosque mediterráneo, ribera, señaladas paredes rocosas con abundantes huecos y repisas, y finalmente, ya de vuelta, lagunas y estepa.
Milanos negros y comunes, águilas, aguiluchos, garzas imperiales y reales, alguna alimentándose junto al río (una escena mitológica); buitres negros y leonados, unos con pollastres, otros haciendo la digestión; alimoches en su nido, cigüeñas negras en momentos de amor, un roquero solitario (one for the road, yeah!), avetorillos, busardos, gaviotas, cigüeña común… etcétera, en los sitios más insospechados.
Un festival de milanos y buitres en «El Salto del Gitano» y un montón de aficionados con sus prismáticos y sus teleobjetivos, y sus curiosas formas de señalar los sitios donde se veía un ejemplar posado… por lo menos en nuestro grupo, que es muy creativo: «Está ahí, donde esa roca que parece una pistola, ¿ves? pues donde lo que sería el gatillo…«. Mientras tanto, a nuestra espalda, nos atacaba un jilguero.
Pero vamos, para creativa la señora Naturaleza (sea como sea que la concibamos: dotada de «inteligencia» o de «ser» o sencillamente «casualidad» y «ciencia evolutiva») que ha hecho tal variedad de seres voladores, saltarines, viajeros, picoteadores de plantas acuáticas o de peces, tragones de insectillos, carroñeros y cazadores, guapísimos de tan feos que ¿parecen? ¿de verdad todos vienen de horrendos dinosauros?
¿Son feos los alimoches? ¡Hay humanos mucho más feos por fuera y por dentro, aunque tengan siglas y tó!
Tal variedad alimenta la fantasía humana de poner frente a frente la belleza y la fealdad, con sus simbolismos, y hacerlas competir. ¡Ah, y los inocentes vuelan y los hay de todos los colores, marcas y costumbres! Aunque no pude ver al abejero o al martín pescador -que ya parecen tropicales con sus amarillos contrastados de rojo y de azul pastel- la verdad es que predominaba la sobriedad de tonos. Pero se podían comparar las irisaciones rojizas del morito (un ibis), con las azul-verdosas del calamón (tan gracioso con sus largas patazas rojas), o el tono rojizo de la garza imperial, contra el gris elegante y suavemente azulado de la real… ¡Ah, la Realeza del bosque!
Hablando de Realeza del Bosque, la buscarla (noble del bosque, bush jarl! dándole una vuelta a las etimologías por división…) chirriando como una vieja radio de los años 40. Aunque me fascinó más la collalba rubia: blanca, negra y suavemente amarilla, un bombón hollywoodiano de cabellos rubios con antifaz de ladrona de miradas.
Dejo por aquí unas cuantas fotos. Ninguna es mía, sino de los compañeros de SEO-grupo local Aranjuez, ¿ande va a ir una con una cámara con la poca vista que le queda?

Por eso, para Mujerárbol, el festival en vez de ser de la mitad, fue doble: vista y oído.
O triple, por la compañía, la charla, las explicaciones y todo lo demás.




Respuestas
Guapo, guapo. Monfragüe nunca defrauda. Martín pescador puede ser que lo tengas «en casa». Al abejero también. Pero es una rapaz muy forestal y de costumbres muy discretas. No es sencillo.
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Al martín lo he visto en casa (en los Jardines) y el otro dia me avisaron de un abejero en una zona arenosa junto al rio. Estamos rodeados, ¡yo me rindo!
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Me ha encantado este hilo, Doña Carmen. Yo les dejo todos los días comida en una esquina del jardín, a los pájaros salvajes de la zona , y en cuanto salgo con el cacharro, los dos que están de guardia avisan a los demás, y van llegando por turnos. Les dejo lo que sobre de nuestra comida de la víspera. Y, cada vez que hago algo frito , pescado, pollo, lo que sea, mientras se va calentando el aceite frío un par de rebanadas de pan de molde, y se las echo al jardín desde la ventana de la cocina. Y eso es lo que más les gusta de todo. Y se lo liquidan en un santiamén. Y me hacen mucha gracia porque son terriblemente clasistas entre ellos. Los gorriones ceden el sitio a los mirlos, los mirlos a las urracas, pero tanto las urracas como los mirlos, pican un poco, y se apartan para dejar que coman los petirrojos, los gorriones, los pardillos y así, durante un rato, luego se acercan y los gorriones son los que esperan en el tendedero a que les vuelvan a ceder el sitio…
Son salados como ellos sólos
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La verdad es que a mi no me extraña nada ese cuento del monje que se queda escuchando/mirando un pajarito y se le pasan los siglos volando. En realidad es una adaptación del cuento de S.Kevin y el mirlo que vd. conoce ya (St. Kevin and the blackbird) solo que en el cuento original irlandés el monje solo pasa el tiempo que los mirlos tardan en incubar los huevos… de alguna forma, se convierte en mirlo también. Observarlos, incluso sin ánimo científico, es ponerse de su parte y admirarlos aunque uno no sepa qué decir.
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Buen resumen, doña Aliseda.
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Gracias, Doña Charimondejar
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