Viene de lejos


Foto de Min An (Pexels)

Una viene de haber leído mucho, tanto que el dia que llegué al cole, ya leía de corrido, para sorpresa de la profesora.

Mi madre se enfadaba porque creía que me iba a dejar el ojo en esas tontadas. Pues sí, sigo en ello: dejándome ese ojo. El único.

Mi padre no decía eso. Acaso estuvo un mes en su escuela, pues dejó de asistir siendo todavía niño, para cuidar cabras y ovejas. Pero en casa, yo me sentaba en una sillita con papá y «leíamos» el TBO hasta que empecé a inventarme mis propias historias. «¡Cuánta imaginación tiene esta niña!» Había suscripciones baratas a libros que se enviaban por correo, ¡inventos de los americanos! ¡Benditos inventos!

Había muchos tebeos y gente que los leía y los intercambiaba con más o menos pillería: viejas ruinas por uno nuevo, portadas brillantes por contenido vacío… cosas así. Luego, en el rastro de los sábados, vendían tebeos por kilos. Y libros también, por kilos.

Había dragones escondidos en la cocina económica, de la que caían trocitos de carbón incandescente sobre los papelillos que echábamos por los huecos de ventilación, ¡infiernos en miniatura! Había lanzas en los palos de escobas y Rocinantes en los triciclos que un dia, ¡malditos! nos robaron los críos de otro barrio.

Con la escritura ya fue otra cosa. Sí, también la llevaba puesta cuando llegué a aquel cole de cuyas profesoras todas las chicas (que todavía nos vemos para echar unas risas), recordamos solamente a una, ¡y eso que todas vestían igual! Ella nos animaba a hacer teatro sobre la marcha, a canturrear cosas tradicionales, a romper un poquito las reglas, a leer cosas de aventuras como aprendizaje para escribir a máquina.

Libros, libros y más libros, ¡hasta teníamos una pequeña biblioteca en clase, ¡eeeh! ¿qué os creíais? Vale que algunos eran unas gazmoñadas católicas de mucho cuidao, pero muchos eran de aventuras y de viajes. La perrita «Lassie» fue colándose en mi vida y a la vez que aprendía escribir a máquina -rápida como las ametralladoras- copiando del Selecciones del Reader’s Digest cosas de William Saroyan, o de otros autores y periodistas norteamericanos, o relatos no sé de quien de algún viaje por Alaska o el Polo Sur, o del inefable Walter Scott.

Walter Scott… cead míle diaoul! Sí, ahí empecé a querer aprender ese idioma de los cien mil diablos, y a decir Slán na Gaeil!, que no era «viva Escocia» como yo creía, sino más amplio. Así que parece que el pasado me interesaba más que el presente y mucho menos que el futuro, porque lo que existía era el día a día, y uno de ellos empecé a trabajar en un taller de decoración de cerámica.

Y mientra molía los colores o hacia «filos» (bandas de oro líquido en tacitas de café, o platos, o jarrones, con ayuda de una torneta y pulso) y charlábamos de esto y de aquello y escuchábamos mucho la radio, y había una guerra que se llamaba de Yom Kippur, yo tuve curiosidad por aprender a identificar las letras del hebreo clásico… ¡lastima que no tenía edad aún para ir a la Universidad, porque entonces habría coincidido con una gran amiga que era catedrática de eso, precisamente en aquellas fechas!

Pero cuando llegué a esa edad, la Universitaria, que había que ir a Madrid por las tardes, después del taller y de comer un bocata a toda prisa), estudié Historia, que entonces iba con Geografía, pero que luego se dividía por épocas, y yo pedí Medieval… lo cual me obligó a abandonar el taller, porque no lo había por las tardes, solo de mañana, a madrugar porque a las seis se cogía el autobús.

La Edad Media albergaba no solamente damas y caballeros (que era lo menos interesante) sino castillos, iglesias llenas de misterio y artificios arquitectónicos, leyes raras, juderías, gentes venidas de lejos; viajes en barco, un cacharro llamado «feudalismo», vikingos, unas formas curiosas de escribir, y Musulmanes y Cristianos guerreando, salvo cuando se paraban a entrelazar palabras y mover arriba y abajo las fronteras. Almotacén y alamín, y ambuesta, martiniega y sesmeros… Anda que no era fácil percibir la Edad Media en aquellos pueblos ahora «vaciados» cuando no «viciados» por distintas pandemias, que recorríamos en los veranos de Cstilla La Nueva.

Y así hasta que, al acabar el curso de propina (porque el ojo sí que pedía socorro), saqué directamente una plaza de profesor de Formación Humanística (en FP) en Cantabria, y ya… todo fue Atlántico.

Mi primer viaje a Irlanda en 1989 o quizá 90, y mi primer contacto con cead míle diabhail!  Me habría gustado ser investigadora de algo en el DIAS -porque me interesaban las «ramas españolas» del Leabhar Gabhala y su uso por el nacionalismo del s. XIX- pero no cerré el trato, porque las lentejas me aguardaban en Santander… Y habiendo lentejas, cualquier idealismo se quedaba en bragas.

La torre de Cíll Ála. Killala round tower by Gordon Hatton, CC BY-SA 2.0, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=133405688

Menos mal que por las tardes, podía echar la siesta en la playa de Bikinis, sin que nadie me molestara. Y los domingos, visitar Cantabria por debajo, con unos tipos locatis.

Y así, hasta que se me socarraron del todo las lentejas, y a la vez que me sacaba un Doctorado, pasé tres años en Irlanda, dos estudiando Early Irish Language and Literature y otro de propi para la Tesis, conociendo sitios hermosos, tristorros, muy húmedos, mucho ventosos, paseando «ruinas» como decía una buena amiga de allá y dejándome el ojo… Desgraciadamente, ya no pude regresar al Atlántico, sino al secano.

Pero así empezó todo. Como dijo una compi cuando visitábamos el condado Mayo, todo él una Gran Llanura (su nombe lo dice), junto a la torre alta de Killala: «¡Aquí empezó todo, chicos!». Es cierto, allí se pelearon los dioses y los no dioses.

Perdonen ustedes, las nostalgias de una.

 

 

Respuestas

  1. Avatar de Chus Balo González

    Maravillosa tu viaje, tus mares, incluso océanos, es único como nuestra O connor..(sepas, querida abadesa que con el scroll o con el Google o lo que sea, no leo lo que escribo).

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    1. Avatar de Aliseda

      Están yendo muchas cosas del «entreténte» al revés desde que la brigadilla de hackers rusos de Chamberí atacó el sistema, al principio de las elecciones. Cuidado con el scroll, puede ser infinito y llevarte adonde no quieras. ¡Muchas gracias por leerme!

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  2. Avatar de viejecita

    ¡ Qué gozada Doña Carmen ! ¡¡¡ Más, por Favor !!!

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    1. Avatar de Aliseda

      No me gusta mucho hablar de moi meme, pero en fin, me dio el punto filipino. Alguna cosilla contaré más, porque ese mundo que conocí se está yendo al guano a marchas forzada, y también para por si acaso hay algún historiador futuro con ganas de conocer detalles patateros. O serán todos tan listos que se conformarán con lo que diga el jefe. ¡Gracias pos estar ahí, Dª Vie!

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