Libros de Hibernia (1)

Evangeliario de Southampton. Inicio de las liturgias de Pascua, con glosas para ayudar al lector.

Misal irlandés y su cartera de llevarlo. (de Françoise Henry, L’Art Irlandais 3. 1964)

Los libros de Irlanda son una de las cumbres de la iluminación libresca europea de la Alta Edad Media. Pero la producción de libros en la isla fue mucho más amplia que la de estos bellos ejemplares iluminados.

Los iluminadores irlandeses recogieron sus propias tradiciones en el denominado «estilo neolateniense» como el que se percibe en algunas páginas-tapiz del libro de Durrow. (SIGUIRÁ)

Página del libro de Durrow (Co. Laois, Irlanda)

Pero tambien fueron influenciados por el arte anglosajón (y viceversa) y luego, por el escandinavo. Otras influencias son menos evidentes, como la del Imperio de Oriente, que pudo tener ejemplos más cercanos que la lejana Constantinopla, aunque viajeros nunca faltaron en Irlanda.

Esta mezcla estilística se fue «hibernizando» hasta incorporarse a «lo irlandés» por antonomasia.

Pero no solamente existieron libros iluminados, que casi siempre de contenido litúrgico. También hubo otros menos conocidos y seguramente menos ricos, como los glosarios, los repertorios de nombres locales o personales; las compilaciones de textos laicos que recogían tradiciones propias de distintas regiones del país, etc.

Es necesario pensar que éstas últimas no eran vistas como «folklore local» y entretenimiento, sino como verdadera Historia de los antepasados de cada dinastía o región… aunque a partir del s. XIX-XX hayan sido escudriñadas por docenas de medievalistas, etnólogos, historiadores, celtistas y celtómanos, que han uniformizado éste repertorio como «entretenimiento» o aprendizaje… para nosotros.

Más tarde, ya en la Baja Edad Media, aparecieron copias en lengua irlandesa tardía de obras universales, lo cual indica el interés de las élites del mundo gaélico por culturas exteriores a la suya.

Además, hay ejemplares rescatados «después de muertos», como el Salterio de Faddan More, y otros, que fueron tan apreciados que se convirtieron en reliquia; algunos, protegidos por un «invento» llamado cumdach o protección/relicario para libros, que a veces, ya vacío, siguió siendo «objeto de culto».

Los curiosos siempre encontrarán alguna novedad sobre la datación o las relaciones con Oriente u Occidente (y con otros libros) de algún códice irlandés, publicada a través de los estudios de filólogos, arqueólogos o paleógrafos. La recolección de textos, sus relaciones enlazadas con otros textos o culturas, y su publicación para lectores especializados o público general, se han mejorado con internet, así que existen proyectos colectivos a nivel  internacional que digitalizan los códices más interesantes, o formalizan su texto aplicando técnicas avanzadas de visualización para poder leer folios muy dañados o escritura casi desvaída, además de preparar traducciones y ediciones modernas.

Evangeliario de Southampton. Inicio de las liturgias de Pascua, con glosas para ayudar al lector. (Desde foto de F. Henry, 1964)

La escritura y la caligrafía llegaron a Irlanda a finales del s. VI, impulsadas por la necesidad de libros litúrgicos para la Iglesia. En poco tiempo se desarrolló una caligrafía propia, que no solamente reflejaba bien la lengua latina, sino que enseguida empezó a hacerlo en la lengua propia de Hibernia, dando forma a su sistematización gramatical y ortográfica.

Además, muchos escribas irlandeses eran competentes en latín y griego, y hasta en hebreo, creándose una corriente «hiberno-latina» de sabios. Muchos de ellos se conocen a través de las «universidades» Carolingias.

Así que Hibernia se incorporó a la cultura general de Occidente sin abandonar sus propias características, a la vez que creaba las bases ortográficas y la expresión literaria de su propio idioma.

Los Evangeliarios, los libros de Salmos  y otros tipos de libros litúrgicos fueron la tipología basica de la producción durante toda la Edad Media. Pero también se escribieron libros profanos. Ya en la Alta Edad Media había glosarios (o «diccionarios»); repertorios de tradiciones legendarias locales o regionales; libros de máximas legales, civiles y eclesiásticas (Cánones) y más tarde, grandes repertorios que contenían diversas materias en un solo volumen (compilaciones), como el libro de la Vaca Parda, del que hemos hablado muchas veces.

Además, hubo libros de poesía que recogían poemas de alabanza dedicados a familias nobles. Muchos de éstos llegaron hasta el siglo XIX incluso en lejanos territorios, como las Hébridas, pues el gaélico era lengua de cultura entre los señores gaélico-escandinavos de esas regiones. En la Baja Edad Media, aparecieron copias en lengua gaélica de libros universales famosos, como el de Avicena y la obra de Marco Polo.

A partir del s. XIII se compilaron obras legales que se remontaban muy atrás (hasta el s. VIII) y que parece que hasta entonces estuvieron en manos y memoria de «escuelas legales»que enseñaban a los futuros brethemain («jueces, jurisconsultos»). Esto dio origen al «Corpus Iuris Hibernicis«, que se recopiló ya en el XIX-XX, mediante un ingente trabajo a partir de diferentes manuscritos de distintas fechas. En él se basa lo que sabemos del entramado socio-económico y legal de la Irlanda antigua. Sus Leyes basadas en máximas orales, y materialmente en la reciprocidad de obligaciones, marca diferencias respecto al sistema feudal que se desarrolló en el resto de Europa.

Desde la fundación de Iona y Lindisfarne (c. 635 AD) y de las familias monásticas de éstas, la expansión irlandesa llegó a Northumbria y Anglia, pasó por Bretaña la Menor y Francia, y llegó a la Europa Central.

Esta expansión repartió eruditos y escribas (¡no todos eran monjes!) a la vez que en Hibernia se desarrollaba una escritura propia y estilos característicos de iluminación. Desde mediados del s. VII Irlanda produjo manuscritos con iluminaciones llenas de colorido y complejidad geométrica, encuadernados de una forma sencilla, acompañada de un espectacular desarrollo de una caligrafía con fuerte personalidad, derivada de los usos del Imperio Romano.

Todavía queda mucho por saber de los manuscritos irlandeses de la Edad Media, pues aún se están desarrollando proyectos de estudio paleográfico, conservación, edición, traducción, relaciones intertextuales, etc. Pero aquí intentaremos dar una visión general de lo que fueron los libros en uno de los territorios más literarios del mundo. (Seguirá)