
El formato típico de los grandes libros de Irlanda fue el de compilación o reunión de varios textos en un solo volumen.
El juntar textos en un solo ejemplar facilitaba el estudio de los asuntos contenidos, el comentario y el rastreo de «lo que dicen otros», creaba tradición y crítica respecto a un tema.
En el Táin ya aparece esta característica: en la versión más antigua del cuento TBC I, LU), la expresión «corugud éile» o «corugud lebur éile«, «como dicen otros» o «…otro-s libro-s», lo cual señala a que las fuentes no eran exclusivamente orales.
El origen cristiano de escritura y la bibliofilia irlandesa favoreció ese formato, tomando como modelo las Escrituras. Además los primeros grandes libros de Hibernia fueron repertorios de Salmos o de cantos litúrgicos -los Antifonarios- como el de Bangor (finales del s. VII) o los Martirologios, que implicaban el conocimiento de un Calendario, como el de Óengus Céle Dé. Lo mismo sucede con el que debe ser el libro de leyes Eclesiásticas más antiguo de Occidente, la Collectio Canonum Hibernensis que recogía decisiones sinodales y penitenciales dependientes de Iona, apoyadas en textos patrísticos y de las Escrituras.
También se recopilaron libros de leyes. Éstas consistían en desarrollos de sentencias orales y aforismos, atribuidos a jueces legendarios (los ollaimh, o brithem). Eran una especie de «sentencias definitivas» o acuerdos sobre distintos temas: préstamo de herramientas, matrimonio, crianza de hijos ajenos, trabajo comunal, etc. En los ss. XIV-XV, se les añadieron comentarios y nuevas «ediciones» de material, lo cual formó la base del «Corpus Iuris Hibernicis«, sistematizado y estudiado según criterios modernos por D. A. Binchy ya en el s. XX. Gracias al trabajo de Binchy, podemos conocer mejor el interior de la sociedad medieval de Irlanda, y comparar sus semejanzas y diferencias con las formas sociales y políticas del mundo Romano o de la misma Europa Feudal.
Las recopilaciones de relatos tradicionales son más conocidas. Estos textos de corte épico, histórico o claramente mitológico, suelen ser extensos: el famoso Táin, la materia de los Ciclos tradicionales, los diferentes relatos que se agrupaban temáticamente por nombres como «Viajes» (Immrama), «Batallas», «Raptos» y otros géneros, como la materia de los Fianna, que debió de ser muy popular en el mundo de habla gaélica hasta épocas cercanas a nosotros.
La recolección de estos libros se extendió más allá de la cronología medieval. El mejor ejemplo de éste interés son las materias de narrativa pseudohistórica que se integraron en el famoso Lebor Gabhála Érenn, re-recopiladas en distintas formas (Anales, relatos sueltos…) hasta que, en el s. XVII, los Cuatro Maestros las reunieron en el corpus así titulado (LGE para los partidarios de la brevedad). Las narrativas «de orígenes» eran apreciadísimas por las élites que dominaban distintos territorios irlandeses… pero del asunto nos ocuparemos en otra ocasión. Baste decir que lo que inspiró la base del LGE fue el esquema Bíblico y la cronología extraída de las Escrituras.
Estos relatos fueron explotados con diferente éxito -a menudo textualmente- por los nacionalismos de los siglos XIX y XX (no solamente el irlandés), por lo que hay que cuidarse mucho de sacar conclusiones fácticas a partir de lo que cuentan, que está lejos del concepto moderno de Historia.
Es precisamente la riqueza narrativa y la relación entre estas fuentes lo que ha atraído a tantos investigadores modernos, que aplican su método crítico a tanta riqueza textual como supieron crear los irlandeses medievales.