Libros de Hibernia (4)


Las compilaciones fueron el formato más habitual de los grandes libros, tan famosos como el Libro de la Vaca Parda, el de Léinster (XIII-XIV), el Libro Amarillo de Lecan (s. XIV), entre otros. Los relatos que continen son muy variados. Al estudiarlos en profundidad, se tienen pocas dudas de que fueron escritos por varias manos, o sea que se revisaron, se completaron, se «estiraron» con añadidos posteriores, en distintos momentos de su historia textual.

Página del tratado legal Senchus Mór (copia s. XIV)

Las técnicas empleada hasta ahora para «separar» los distintos estratos de una narración de este tipo eran la crítica textual (buscar variaciones en el relato) y la paleografía (estudio de las formas de escribir), observando diferencias entre distintas manos. Actualmente existen análisis exhaustivos de la imagen de cada letra de un escriba, gracias a instrumentos electrónicos que permiten diferenciar «manos» distintas dentro de los párrafos de un mismo manuscrito.

El Libro de la Vaca Parda (primera mitad del s. XII), contiene 37 relatos de longitud y caracter. Como ya se dijo en otras entradas, fue escrito por varias manos, pues era un libro codiciado por lectores y eruditos «doctores en Historia», que lo usaban como fuente para otras historias. La comparación de los relatos contenidos en un ejemplar con los de otros facilita la datación y el conocimiento de la «historia textual» de cada uno.          

Existieron «generos literarios», como las incursiones enciclopédicas en la filología con rasgos heredados de la retórica latina. Las más antiguas están atribuidas al Rey-Obispo de Cashel y Munster, Cormac mac Cuillenáin, que murió guerreando en el s. IX. Se trata de un glosario (el Sanais Cormaic) que explica el supuesto origen de palabras gaélicas a través de «comparaciones» con otras lenguas (latín, griego y hebreo). Estas lenguas las dominaban algunos eruditos hibernenses de la Alta Edad Media, aparte de que el latín fuera lengua litúrgica en los monasterios… Pero la verdad es que Cormac iba más allá de la realidad linguística e inventaba interpretaciones creativas, algunas con cierto humor malicioso…

En esta página podéis ver transcritas mediante ordenador algunas de las explicaciones de Cormac, según una de las copias. Observar que hace derivar del hebreo (por ej.) o del griego palabras netamente gaélicas (con demostrables raíces indoeuropeas según la filología moderna), o juguetea con el significado en otras lenguas de una misma palabra, como si una extraña «confusión» babélica las hubiera mezclado.

El género senchas o «tradición» parece que era muy popular: hubo una tradición de las mujeres (bansenchas) se conserva la de los cementerios (Senchas na réilig), con referencia a personajes famosos enterrados en un lugar u otro, etc. Estas tradiciones se realizaban en forma de compilación de historietas, a veces atribuidas a reyes, filidh o personajes pseudohistóricos.

Un ejemplo de larga historia textual* de observa en esta página sobre del Libro de Durrow, evangeliario atribuido a S. Colum Cille, con trazas de ser anterior al s. XII. En el manuscrito hay añadidos del escriba original (desconocido); frases escritas por personajes medievales (datables por otras fuentes) y de estudiosos del ejemplar desde el s. XVI hasta el XIX.

La llamada «diáspora irlandesa», después de la Guerra de los Nueve Años, contribuyó a dispersar escribas y libros por el continente europeo, y a reunir o copiar ejemplares, o bien reeditarlos en sitios muy lejos de Irlanda. Vale como ejemplo el caso del Libro de las Invasiones (Lebor Gabála Érenn), que se hizo a medias entre el (antiguo) Ulster y los actuales Países Bajos, por entonces en posesión española. Sus fuentes fueron, precisamente, relatos pseudohistóricos contenidos en viejas compilaciones o literatura analística anterior.

Los «Colegios de Irlandeses» que surgieron bajo patrocinio de la Corona española y la Iglesia en el s. XVII también atesoraron algunos manuscritos que después fueron estudiados o recopilados por anticuarios ingleses o alemanes del XIX, como fue el caso del mss. Stowe y otros, que pertenecieron a la Biblioteca de Charles Ó Conor (S. XVIII), uno de los fundadores de la Royal Irish Academy.

Distintas oleadas de personajes de clase alta, fundadores, patronos o administradores de comunidades irlandesas expatriadas (ej.: el  Colegio Irlandés de Salamanca), contribuyeron a conservar libros de recopilación histórica con materiales conocidos, fragmentarios, sacados de Hibernia; a transmitir su contenido mediante la imprenta, y a extender por la Europa Moderna y Contemporánea las formas de la escritura, el idioma y los estilos literarios que se atesoraban en la isla.

El nacionalismo irlandés del s. XX aportó nuevos eruditos (alemanes, franceses y angloirlandeses también) que buscaron con afán cualquier texto que pudiera relacionarse con Irlanda. Así se nutrieron bibliotecas como la del Trinity College o las colecciones de la Royal Irish Academy, aparte de los libros que se conservaban en otras biliotecas, como la de la Universidad de Oxford, el monasterio de San Gall en Suiza, o la B.N. de París.

También ésto contribuyó a forjar una imagen de Irlanda y de «lo irlandés» (con sus aspectos buenos y malos) fuera de su territorio… Pero todo esto ya es Historia del siglo XVII-XX.