Finales para un sin final


Durante estos meses he pensado seriamente en abandonar toda esperanza respecto a Word Press y a Mujerárbol como medio de «comunicación». Entre otras cosas porque se transparenta demasiado la edad media de cada cual, y las novedades ya son casi inalcanzables para quien vivió en los años 70-90 cuando lo internáutico era una ilusión de lo por descubrir y ahora parece que ya todo está descubierto, o bien es que nos hemos vuelto todos druidas. Se trata de una realidad a menudo estomagante y casi siempre, inoportuna.

El ánimo, desde uuego, no es el mismo.

Escribir me produce la ilusión de que hago algo. Alguito. Algucho… Así qu aquí seguimos.