El rio que nos llevó


Coincido totalmente con esta cita: «El pasado nos ennoblece si lo tratamos como un río que hay que dejar fluir y mantener incontaminado para que nos dé de vivir y nos transporte gentilmente a nuestro futuro.» (Simone Weil, citada en este artículo de Disidentia).

No se me ocurre mejor definición de mi forma de ver el pasado (incluso el pasado remotísimo), igual que un rio que nos gustaría fluyese limpio, ante todo. No brilloso y falseado, sino limpio, tanto si es áspero y veloz como si lento y legamoso.

Por ese motivo pido un poquito de comprensión y hasta de misericordia por el nuestro, y pongo mi pizquita de misericordia hacia los otros pasados, aunque hacia algunos de sus personajes no tenga ni paciencia siquiera. Porque, no siendo los pasados cosas angelicales, sino humanas, merecen seguir fluyendo y despojarse de contaminación.

Ese es también el motivo de que crea que la imaginación y la empatía sirven para conocer el pasado. Con la imaginación se puede seguir una buena descripción escrita o narrada, siempre y cuando no se tema a lo escrito, que en estos tiempos parece que mucha gente (incluso de la que estudia Historia) lo teme, o directamente, que tiene una escasa capacidad para sumergirse en este tipo de mensajes y acoger sus efectos.

Si nos hiciéramos empáticos con lo que dice un texto histórico, tan solo lo que dice, podríamos situarnos en el lugar del que lo escribió porque lo estaba viviendo, sufriendo o navegando.

Me dirán que pongo demasiada confianza en la narración secundaria sobre un tema histórico. Sí, bueno: no poner mucha confianza en estos afluentes del río también es posible, pues hay bajíos traicioneros. ¿Y qué pasa si de lo que trata la narración está muy alejado de nosotros, de nuestro tiempo y experiencia?

Entonces, ya no hay remedio y se debe emplear el modo lectura aséptica de las fuentes secundarias, informe y numeritos, cuya clave es la abstinencia total de ayuda por vasito de vino y picoteo, pues tiene la contraindicación de requerir acompañamiento de rodajita de salchichón o similar… y entonces ¡brrrrrr! descubrimos que el pasado, engorda.