
Me he sorprendido mí misma pensando en la compañía de un gato. Sopesando pros y contras y hasta preguntándole al ChatGpt ese…
Es que echo de menos a mi querido Pangur, el gato de antes de la Pandemia. Pangur el Negro murió justo cuando empezaba la cosa… Me hizo muchas diabluras y mucha compañía, y eso que yo lo quería blanco y me lo regalaron negro. Neggggro, y con un punto malvadillo.
Al menos fueron 10 años de todo, todo: ansiedad, angustia y desesperación… sí, como un bolero. Pero él sabía cuando una estaba triste o hecha unos zorros. Recuerdo cuando murió mi padre y el se quedaba de almohada. Y hasta soportaba mis rabietas. Eso sí, la casa era más grande y podía tener un sitio exclusivo para su arenero, en la «terraza» ventilada, y ahora no hay terraza ni ventilación y las ventanas son altas y no tienen reja. Bueno, habría que pensarlo… Lo de la reja, si hubiera gato..
¡Qué complicado es vivir sin gato cuando se ha tenido uno! Dicho de otra manera: ¡qué difícil es hacerse mayor!