
A una, la palabra gaélica briugu le suena a algo conocido. La asocio con mucho cansancio, un albergue concreto del Camino de Santiago y un sitio amplio cuyo suelo hay que fregar…
Un hospedero en la Irlanda medieval podía ser cualquier amo de casa, pues el deber de ofrecer hospitalidad estaba muy extendido y entendido como propio de quienes poseían una residencia capaz de acoger a visitantes en diferentes cantidades y momentos. Por eso, una constante del prestigio social de estos personajes, en la literatura y fuera de ella, sería la generosidad y el cuidado a las visitas. La otra, debía ser la preocupación por la escasez. Un briugu que no tiene nada que ofrecer más que el triste suelo para dormir, poco calor «hogareño» o una banquetita para sentarse, sería considerado un miserable.
Si por el contrario gozaba de la capacidad de ofrecer mucho más a los huéspedes, podía acender a un alto rango social aunque no fuese miembro de la nobleza. Algunos tratados indican que era obligatorio que poseyera «un caldero que nunca debía de estar vacío», y una casa cerca del camino, así como un carácter que da la bienvenida a cualquiera que pase por los caminos abiertos a todo el mundo.
En general un hospedero no era necesariamente un personaje de alto rango, sino que a través de la generosidad y el despliegue de su hospitalidad era percibido como si lo fuese. La prueba de ésto es que se trataba de personas no obligadas a papel militar en la sociedad, como, por ejemplo, estaban obligados los mismísimos reyes. Mediante su actividad, el briugu podía adquirir alto rango, aunque no fuese de noble nacimiento.
Las antiguas Leyes Irlandesas insinúan que un hospedero podía tener armas y derecho a que se las devolvieran en caso de prestarlas como garantía de un acuerdo, pero sin generar intereses por ello. Por otro lado, un bastón para caminar que le perteneciese tenía el valor de tres sét en el mismo caso de préstamo… tres sét (para por si acaso) equivaldrían aproximadamente a media vaca lechera.
El principal objeto de valor que poseía un briugu era su caldero, que nunca debía de estar vacío. Se da por supuesto que poseía ganado, y ambas cosas podía entregarlas en prenda. Por medio de su actividad hospitalaria podía alcanzar un alto rango, aunque no fuese noble, y estaba exento de servicio militar. Fergus Kelly menciona que en caso de que diera en prenda un arma, solo tenía derecho a que se la devolvieran, sin generar intereses; mientras que si prestaba su bastón (o bordón de caminante) sí que podía obtener un interés de tres sét.
¿Qué rayos era un sét? Se trata de un significante amplio, pues igual es una joya, un algo equivalente a otro algo, en definitiva: la unidad básica de menor valor, cualquier cosa que se pudiera entregar como tal, como el set gertha o «regalo de separación», que era un regalo afectivo que la familia adoptiva entregaba al hijo de leche cuando terminaba su periodo de crianza.
El hospedero tiene un papel especial en la literatura antigua irlandesa, como representante de la generosidad, de la exageración de ésta, o por el contrario, de la escasez y la tacañería. Socialmente, era un personaje cuya principal virtud, la generosidad hacia sus huéspedes, aparece reflejada en historias y leyendas.