Otro verano


Aunque al final nos fuimos a Cantabria, comprendí que mi idilio con ella se había acabado. Los amigos han desaparecido del mapa; las aficiones son ya imposibles, recuerdos de otro tiempo y otro ritmo físico. Incluso el barrio parece haber perdido su noble origen, que recuerdan las figuras pintadas en la pared de la escuela.

Y es que la vejez llega, quieras que no. Creía que podía ser más plácida, pero de momento resulta terriblemente melancólica.

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