El sonido de ese intrigante tubo de madera de los aborígenes australianos (didgeridoo) y una orquesta clásica es una mezcla de fuegos distintos. La mezcla de madera con cuerda, viento y una todo lo demás de una orquesta… da escalofríos.
Una pieza de 17 minutos que me parece un diálogo de dioses paganos: Cúchulain es uno de ellos, que le oigo ladrar y aullar. Pongan atención y verán que digo la verdad.
La poderosa magia de la música sacando de su hoyo a los dioses impronunciables de los aborígenes de Australia… y quizá de algún otro sitio.
Bueno, no sé como se llama la pieza, pero la atmósfera es así.
Me encanta.

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