Hace pocos años hablé en este blog de la iglesia de S. Pascual Bailón de mi pueblo, que se ha convertido en mi lugar favorito para pasar un rato cada Jueves.
En el altar mayor (el templo tiene 3, más los de cuatro capillas laterales) se encuentra situada una pintura de Mengs: «S. Pascual Bailón adorando el Smo. Sacramento«, que se ve bastante bien en la presentación de este paseo por el templo, oficialmente nombrado Real Convento de S. Pascual.
A pesar de la luz con la que figura en la web, el tono general de la iluminación del templo es insuficiente para que la pintura de Mengs se aprecie en su plenitud. En realidad, solamente a ciertas horas de pleno verano, cuando entra luz solar tanto por la linterna de la cúpula como por una ventana alta en la nave de la epístola, se puede apreciar con justicia el valor de la obra.
¡Pero yo quería saber sobre la pintura que estaba anteriormente en el mismo emplazamiento que la de Mengs!
Busqué info en la Wikipedia y ahí decía que la pintura de Mengs sustituyó a otra anterior. Como soy una curiosa impertinente, busqué cuál podría haber sido el motivo de la sustitución. No sabía si ésta se relacionaba con la ferocidad de la Guerra Civil, la cual afectó de otras maneras peores al mismo edificio de la Villa de Aranjuez. Así que… ¿cuándo y por qué fue retirado el cuadro original? Y sobre todo, ¿cuál era el original?
Hace unos días, comentando el lance, supe que el cuadro sustituido era una «Purísima Concepción» a cargo de Tiepolo, que al fin encontré en el vol. 4 de las «100 Obras Maestras del Museo Nacional del Prado» que tienen en la academia de Arte a la que asisto los viernes.
En el libro no solamente hay una breve descripción artística e histórica del «cuadro de altar», sino una buena reproducción del mismo, como corresponde a una edición oficial de pintura del Museo del Prado.
Así que me enteré de que el motivo de la sustitución fue sencillamente el capricho del Rey Carlos III: Tiepolo fue sustituido en las preferencias del Rey por otro pintor cortesano, Mengs.

La Purísima Concepción de Tiepolo me parece un cuadro maravilloso en composición y colores. Mi foto telefonera no le hace justicia, pues es imposible capturar con un cacharro las tonalidades de la estupenda reproducción fotográfica que trae el volumen de donde la he sacado (ver pie de foto).
Espero ver pronto el original para mirarlo como es debido… ¿cuanto tiempo hace que no voy al Prado?
Los beige del fondo nuboso resultan más bien dorados de distintos tonos, un engaño barroco perfecto. Me encanta el azul celeste que brilla en diferentes partes del manto de María, un poquito «ad lib», resaltando la incorporeidad luminosa del personaje principal. Les pasa lo mismo a los pliegues «gaseosos» y poco definidos del manto blanco, e incluso a la disposición de los pies del personaje, un poco fuera de equilibrio, como si estuviera a punto de pisarle la cabeza a la serpiente que huye alocadamente.
Intriga la carita de angel que aparece a la derecha, casi disuelta en el color del fondo y envuelto en un paño con flecos, bajo el manto. Mientras, otro angelillo se refugia tras las irisaciones celestes, como un chiquillo que se protegiera de la lluvia.
La parte simbólica, como la luna apenas dibujada bajo los pies de la figura de María y las estrellas sugeridas en torno a su cabeza; la serpiente que huye con la manzana en la boca, deslizándose sobre algo que debe ser un orbe terrestre, el angelote portador del lirio con el que amenaza a la bicha, etc. han sido interpretados en la clave del Apocalipsis de S. Juan (Jn 12: 1). En definitiva, el cuadro representa el papel de María como vencedora del error de Adán. Los colores no han sido escogidos específicamente por el simbolismo, sino que parecen llenos de imaginación, dotando al conjunto de una originalidad y belleza muy particulares y de gran intensidad.
Si la comparamos con la sobria Inmaculada de Murillo, mucho más conocida, más estática y rodeada de una chiquillería angelical más numerosa, la de Tiepolo gana el premio por el movimiento y la expresividad de los colores, tan barroca como graciosa.
¿A vosotros qué os parece? A mi me gustaría que El Prado nos devolviera el cuadro de la Purísima, y que lo pusieran en el mismo emplazamiento que tuvo originalmente.
También, me parece que colocar un Santísimo pintado (el de Mengs) encima del Sagrario es muchísimo más artificioso y hasta algo pretenciosillo. Además, esta particular pintura de Mengs es más oscura, con la que esa parte del altar pierde la luminosidad que podría tener y que solo se recupera (¡snif!) con luz artificial: electricidad y velas.
Pero bueno, ese era el «Clasicismo» que le gustaba a Carlos III…