Recordatorio


Amiguitos, acuérdense de que la revista digital de Divulgadores de la Historia sigue viva… pinchen, lean lo que cuenta y disfruten con lo que más les guste…  (Sí, la foto la he escogido especialmente).  

Vida cotidiana del pasado


Foto de Suzy Hazelwood en Pexels

La vida cotidiana del pasado es uno de los aspectos mas interesantes de la divulgación histórica, y es estupendo ver recreadores que se ocupan de la (muy dejada de lado) Alta Edad Media europea.

Por eso me ilusionó mucho el trabajo de la gente que realizó el maravilloso corto basado en las imágenes del Salterio de Luttrell, del s. XIII) que todavía puede verse online, y complace ver que continuan su trabajo, dirigido por la productora de aquel video (Crow’s eye productions).

La serie de cortos en YouTube sobre el vestido antiguo de esta gente es muy buena. Se titula «Getting dressed» y cubren cualquier momento histórico, pues los he visto desde la Edad Media hasta la I Guerra Mundial… Este precioso video que traigo es relativo a la Alta Edad Media anglosajona.

¿Cómo se vestían las señoras de «alguna sustancia» en el mundo anglosajón (semi cristianizado, no digo por quiénes) del s. VII EC? El video termina con un recuerdo al enterramiento de Sutton Hoo (de esa época), recitando un canto fúnebre que podría haberse escuchado en una ocasión parecida, mientras las imágenes recorren el detalle de los objetos enterrados con el gran rey que ocupaba esa tumba-barco, muerto que también es recreado por uno de los miembros del colectivo. Esa mezcla de elementos cristianos y paganos es característica de la Alta Edad Media británica.

En España empieza a verse alguna recreación de este tipo, aunque no es una afición muy extendida. Existen numerosos grupos de recreación del mundo Romano, especialmente el militar de época Imperial, quizá menos el de época Bajoimperial (me da la impresión). También conozco a Mos Religiosus, que recrea costumbres rituales de la Roma clásica con un estilo que nos recuerda lo mucho que la Iglesia (cualquier iglesia cisrtiana) debe a Roma.

Pero dentro de «mi campo cronológico» quiero mencionar al «Clan de Cuervo«, que se ocupan de recreación de época visigótica con unos resultados impresionantes (muy guapos ellos y ellas, por no hablar de los sitios que buscan para hacerse las fotos). También a Regnum Castellae, que empiezan a meterse ya en s. XI bien pertrechados… Y prometo en otro momento ocuparme más de este aspecto divulgativo, sobre el que carezco de mucha info (¿os creéis que aún no he visto en vivo a ninguno de estos grupos de recreadores? Pues así es 😖 ).

Abajo está el video de Getting dressed y espero que os guste. No olvidéis acercaros por las web españolas que menciono y enlazo: he pedido más direcciones, para ir dando al personal otra forma de visualizar el pasado.

¡Agua!


No creo que nadie que los haya visto, deje de admirar estos episodios de «Ingeniería romana». Aquí desbastados en deliciosas pildoritas, fácilmente entendible para quien tenga algo de educación general básica (no, no es ESO). ¡Con lo que me gustan a mi los programas de ingeniería…! Qué le vamos a hacer, es cosa de nacimiento.

Ya está online


El ejemplar de Julio de la revista de Divulgadores de la Historia, ya está online, con alguna sorpresilla para los fans de Mujerárbol. Para leerlo, pinchen en el enlace y vayan a la portada del nº 30. Ya saben que se abre en Drive o en PDF. Habrá más sorpresillas, así que estén al loro… […]

La vida cotidiana en Pompeya


Una explicación amena y clara sobre aspectos de la vida del romano común.a cargo del excelente divulgador Fernando Lillo Redonet. Aquí se nos ofrecen explicaciones a partir de lo que nos muestran las pintadas y grafitos conservados sobre las paredes de diferentes edificios de Pompeya, muestra de variados sentimientos humanos de hace más de dos […]

El divorcio en el Senchas Már irlandés


Foto de Klaus Nielsen en Pexels

El Senchas Már (o «Tradición Mayor») es la colección principal de leyes antiguas irlandesas.

Según los investigadores que se han dedicado a ella, especialmente D.A. Binchy, compilador a su vez de todo ese tipo de fuentes en un «corpus» que denominó Corpus Iuris Hibernici (CIH), no es inverosímil que sea tanto una serie de costumbres («derecho consuetudinario«) de origen muy antiguo, que empezó a recopilarse alrededor del siglo VIII, como cierta imitación o influencia del Derecho Romano a través del Derecho Común medieval o de la actividad de la Iglesia, puesto que los principales manuscritos se reunieron, copiaron y glosaron en distintos momentos a partir del siglo mencionado.

La mayor parte de lo que aquí contamos, procede de uno de sus textos principales, el Cáin Lanamna. Es curioso que, a pesar de llevar un nombre que es préstamo del latín (Cáin= «cánon») no tiene tanta influencia eclesiástica como podía esperarse. Lo veremos en estos ejemplos.

Ya dijimos que los matrimonios en la antigua Irlanda eran contratos entre dos familias, y los cabezas de ambas -el padre (o tutor) de él y el de ella, (los ágae fine)- tenían la palabra.

El consentimiento para dar por buena la unión (arnaidm), requería fiadores por las dos partes, sobre todo en los matrimonios de tipo más serio. Eso quiere decir que personas concretas, ligads a las familias, se comprometían (con sus bienes) a que no hubiera irregularidades que conllevaban sanción legal, bajo pena de multas. Tengamos en cuenta que «salir como fianza» era una cosa muy peligrosa, pues siempre se podían perder bienes propios a causa de los desmanes de otros. En general, se buscaba que éstos fiadores fuesen de clase social igual o parecida a la de los contrayentes, por lo que acabamos de decir.
Se supone que las multas por irregularidad y la separación de bienes en caso de divorcio eran el principal motivo de discusión frente a jueces y abogados, puesto que de ello se ocupa principalmente el Cáin Lanamna.

Puesto que una esposa principal (cetmuinter) se compraba, el futuro marido entregaba un «precio de novia» (coibche) que se quedaba en la familia de ella.

Foto: Anastasia Shuraeva en Pexels

Existían distintos motivos por los que una mujer podría pedir un divorcio completamente legal y quedarse con esa parte. Por ejemplo, que él la pegase dejando huellas; que la abandonase por otra (caso en el cual hasta tenía derecho a quedarse en la casa común si quería); o si él propalaba historias falsas, sátiras o indiscrecciones de alcoba sobre ella.

Los casos de asunto sexual por parte de él también eran motivo de divorcio, pero sorprende saber que una mujer podía divorciarse de un hombre porque estuviese demasiado gordo y no fuese capaz de mantener relaciones con comodidad.
Por supuesto, asuntos como la impotencia («porque no es fácil para una esposa convivir con un marido impotente» dice el glosador), la homosexualidad manifiesta de él o su esterilidad (difícil de probar a menos que ella hubiera tenido previamente un hijo con otro hombre), también eran motivo suficiente de divorcio por parte de ella.
Pero, en el caso de esterilidad, si no se divorciaban, podía entrar en funcionamiento una «separación temporal», nada menos que para que él o ella, tuvieran un hijo con otra pareja.
Este hijo era considerado legalmente como hijo del marido («a menos que el padre verdadero se lo compre» dice la Ley).
Otros casos de separación temporal podían darse cuando uno de los dos debía ser acogido bajo cuidados fuera de su casa, por haber sido herido por alguien externo (en quien recaían las obligaciones de tales cuidados) y, por supuesto, si cualquiera de los dos conyuges se iban de peregrinación, de viaje, a ver a un amigo, o, en el caso del varón, para tomar parte en una incursión de venganza legal (que también existía).
Finalmente, el hecho de que él tomase órdenes sagradas, era un motivo bastante normal de divorcio legítimo… y origen de alguna que otra familia eclesiástica.
Que ella robase a menudo, fuese infiel (en cualquier sentido), lo deshonrase propalando injurias sobre su marido. abortara o perdiera la leche por una enfermedad durante la lactancia, eran algunos de los motivos que recita una de las heptadas de proverbios legales titulada Gubretha Caratniad, una curiosa recopilación, más o menos versificada, de cuestiones que van en contra de los principios legales mayores.