Fuimos los primeros


Video que fue proyectado en el Museo Naval de Madrid en la exposición temporal “Fuimos los primeros. Magallanes, Elcano y la vuelta al mundo” celebrado desde septiembre de 2019 a marzo de 2020. ¡Maravilloso!  

(O’Sullivan 2) La larga marcha de Dónal Cam


Fragmento de  “Caballero con guante” Lorenzo Lotto (1542-1544). Pinacoteca de Brera.

Pocos de los madrileños que vieron como un inglés desaforado acuchillaba a un  caballero que salía de misa de Santo Domingo el 16 de julio de 1618, sabían que la víctima era miembro de una raza antigua y orgullosa, testigo del fin de su mundo en una lejana isla europea. Como mucho, se harían lenguas de que se trataba de un extranjero de alta posición, tal como podía verse por sus ropas y las de quienes le rodeaban. Quizá murmurarían que era habitual verle salir de la iglesia dos o tres veces al día: un caballero devoto.

Menos aún sabrían que aquel caballero, que llevaba un Rosario en una mano y en la otra unos guantes, había sido protagonista de uno de los hechos más conmovedores de la historia de Irlanda.

Después de perder la batalla de Kinsale, a los españoles se les permitió conservar su dinero, armas y emblemas, así como obtener víveres con los que volver a España, cosa que fueron haciendo poco a poco. Pero mientras los nuestros se rendían, en otra península, cerca de Kinsale, un señor gaélico decidía continuar la guerra por su cuenta… y a su estilo.

Acosado por las deserciones y las banderías de los suyos, este señor fue el protagonista de una hazaña singular: la marcha durante quince días con mil de los suyos, desde el extremo sur de la isla hasta el actual condado de Leitrim, en el norte, trescientos kilómetros en pleno invierno.

Este hombre era Donal Cam Ó Sullivan Beara (1561-1618). En España, Conde de Berehaven y Caballero de Santiago.

Donal Ó Sullivan Beare (Artista desconocido de la Corte de Felipe III de España. -Archivo “Salamanca”, St Patricks College Maynooth-. (Dominio público, commons.wikimedia.org)

Beara es una bella península al extremo suroeste de Irlanda, territorio muy antiguo de las dos ramas de los Ó Sullivan y de otras familias relacionadas con ellos. Sus historias originales los emparentan con un rey mitológico de Munster, Ailill Sin Oreja, y con la enigmática Vieja de Beare, que vivió siglos y siglos para ver a sus descendientes hacerse numerosos y poblar la tierra… Los Ó Suileabhain(*) poseían los castillos de Berehaven y Dunboy (que pertenecía a O’Sullivan Beare), Castlehaven y Baltimore (que eran de O’Driscoll, su pariente) entre otras posesiones. Se trataba de un señorío menor, aunque a partir de las “rebeliones de Desmond” empezaron a destacar en la provincia de Munster.

Durante la guerra de los Nueve Años, los O’Sullivan no estaban claramente al lado de los sublevados, pero cuando éstos tomaron camino de Munster para recibir a los españoles, Donal Cam, señor de Berehaven y Dunboy, ya se les había adelantado al firmar una carta para Felipe III en la que pedía ayuda al Rey de España y se ponía bajo su protección.

Después de lo de Kinsale, chasqueado por la rendición española que implicaba la pérdida de sus castillos, Donal Cam pertrechó el de Dunboy con unos 140 defensores y con la artillería que dejaron los españoles. Luego, se refugió en el área boscosa de Glengarriff, mientras esperaba un nuevo socorro que nunca llegó. 

Según parece, en mayo de 1602 se envió una pequeña ayuda a través del Conde de Caracena, gobernador de Galicia: un barco con dinero, armamento y munición que zarpó de La Coruña el 24 de dicho mes. Nunca más se supo.

Cosa curiosa: la carta en la que se manda a Caracena preparar dicha ayuda está dada en Aranjuez el 16 de mayo, según muestra Oscar Recio Morales en su libro sobre el Socorro de Irlanda. El Rey estaba, pues, de vacaciones en mi ciudad.
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Documentos


En este pequeño blog, Cita con Clío, trae entre muchos otros un artículo maravilloso, muy breve, acerca de los documentos más antiguos conservados en España. Se trata en muchos casos de apenas fragmentos, que a algunos investigadores les permitieron ese descubrimiento que fue la letra visigótica, que se empleó en todo el “papeleo” de las […]

Mestizaje – La América española


https://laamericaespanyola.wordpress.com/2020/02/27/mestizaje/

Un blog que he encontrado esta tarde a pase de alguien.

Una mina de información, bien presentada y muy bien adornada por imágenes pertinentes y mapas apasionantes.

Un hallazgo, de un tema que domino poco y que quiero documentarme un poco mejor… por… porque históricamente es lo mejor que hemos hecho por aquí (bueno, por allá.

El fuego y la sal.

 

Avicena en irlandés


Imagen de The Guardian (7/3/2019) en http://www.kavehfarrokh.com. La copia de Avicena en irlandés a la izquierda.

La noticia del año en Estudios Célticos va a ser que el fragmento de manuscrito en vellum que servía de “parche” al lomo de un libro de principios del s. XVI resulta que no solo era una copia de un tratado médico de Avicena, lo cual ya podía sonar excepcional, sino que era una copia en irlandés.

Sí, sí, no en latín. En irlandés.

La noticia es algo antigua, cuando la leí (voy a consultar los archivos del blogo, quizá en 2018) daban a entender que se trataba de una copia en latín. El persa Avicena era muy conocido en toda Europa (vivió en 980-1037). Dada la afición al estudio de los irlandeses medievales, no era raro que una copia de sus trabajos hubiera llegado a Irlanda de mano de algún estudiante o maestro viajero. Pero se sobreentendía que lo encontrado estaba en latín, puesto que daban por hecho que se trataba de una copia de la versión de Avicena por Gerardo de Cremona, (Italia en 1187).

Ahora que el fragmento de mss. se ve mejor, puede apreciarse la escritura gaélica, el idioma y el contenido (glosas incluidas), que Pádraig Ó Macháin ha desenredado en una transcripción tentativa que se puede ver en el ISOS (en este enlace).

El nivelazo de los médicos irlandeses en la Edad Media y más acá, era suficiente como para que se conserven manuscritos de temática médica procedentes de Irlanda o redactados en su lengua, que han sido recogidos en el CELT, como el Regimen Sanitatis.

Los interesados en Historia de la Medicina pueden echarle el ojo a dicho repertorio.

 

 

 

 

 

 

 

Un humanista de sangre caliente ( O’Sullivan 1)


Lorenzo Lotto, Retrato de caballero con guante (1542-44). Pinacoteca di Brera, Milán.

(Esta entrada se publicó originalmente en 2012, los datos han sido revisados y actualizados).

Que los inicios del siglo XVII en España eran bastante alatristescos no es nada que sorprenda a quien sepa de esta parte de la Historia de España. Que los duelos -consentidos o sin consentir- y las puñaladas traperas eran cosa de todos los días en la calle, también es cosa sabida… al menos según las novelas de Pérez Reverte.

Pero, ¿a que no sabíais la historia de un irlandés que en 1618 se batió en un duelo en Madrid, con un resultado inesperado? ¿Y qué tal si dijera que el irlandés en cuestión no era un desgarramantas de callejón oscuro, sino un humanista, soldado y escritor de obras históricas y geográficas?

Estoy hablando de Don Felipe O’Sullevan Bearra, como él mísmo firmaba, nacido en Irlanda en 1590 y muerto en España unos setenta años después. Era sobrino de Dónal Cam, el de la Larga Marcha que he relatado en este post, y el historiador que la narró con brío y nostalgia, muchos años después.

Felipe O’Sullivan nació en la isla de Dursey, al extemo de la península de Beare, en el actual condado de Cork. Su nombre de pila era Félim, un nombre de santo nativo, españolizado de la mejor manera posible, como era costumbre entre los que llegaban aquí.

Tuvo nada menos que diecisiete hermanos, trece de los cuales murieron durante las guerras en Irlanda. Otro, Daniel, murió luchando bajo bandera española en aguas del Mediterráneo. Tras la derrota de Kinsale, en 1602, Felipe fue enviado a Galicia con su primo, el hijo de quien por entonces era jefe de la familia: Donal Cam O’Sullivan Beare. Se educó en el Colegio Irlandés de Compostela, donde estudió Humanidades, Latín y nociones de Teología con distintos tutores, tanto irlandeses como españoles. Dedicado luego a la carrera de las Armas, cumple el prototipo del soldado humanista, pues compaginó la milicia con la reflexión teórica y la escritura de varias obras de carácter histórico, descriptivo y reivindicativo de su nación. Fue su actividad como historiador y adalid de la causa irlandesa lo que le valió la fama.

La prominencia adquirida por su familia en España le sirvió para ser un activo agente a favor de la intervención española en Irlanda, durante los reinados de Felipe III y Felipe IV, mediante escritos propagandísticos, pero también con acciones “de lobby” en la Corte, como la presentación y aval de proyectos concretos para ocupar enclaves de la isla y ayudar a una revuelta general contra Inglaterra desde Munster, acciones que debían ser capitaneadas por su familia.

En 1619, Felipe O’Sullivan sirvió en la armada española (¡que por entonces estaba aliada con los ingleses!) en acciones militares contra los piratas berberiscos del Mediterráneo. Es curioso, porque muchos O’Sullivan fueron marinos en los siglos posteriores. Un hermano de Felipe murió en este servicio a nuestra nación.

Sin embargo, el empeño en el que más prevaleció fue el de asesor de la Corona Española en materias irlandesas, lo que llevó a cabo durante la década de los años 20 del s. XVII. Se amparaba en la militancia del partido de exiliados irlandeses apiñados en torno a su tío y, a la muerte de éste, alrededor del heredero, su hijo Dermot, que llegó a tener gran influencia en la Corte como Mayordomo de Palacio de Felipe IV.

Además, Felipe era un irlandés de sangre caliente: a los 38 años no tuvo empacho en batirse con un caballero angloirlandés, que hoy se sabe era un espía a sueldo de la Corona Inglesa. A consecuencia de la refriega, en la que hirió a su oponente, éste mató al héroe de guerra Dónal Cam O’Sullivan. Vamos a ver la escena.

DUELO A LA HORA DE MISA

El jefe de la familia O’Sullivan Beara, que vivía en Madrid, había prestado dinero y confianza a un angloirlandés de nombre John Bathe que, al parecer, en cierta ocasión le faltó al respeto o tuvo una disputa con él por motivos económicos. Es una de la versiones que circulan sobre el asunto. Pero este John Bathe no era un desconocido en España, pues había trabajado en materias “altamente sensibles” en Irlanda y en la Corte mucho antes de 1618. Ya por entonces, empezó a sospecharse de él en círculos irlandeses, que lo denunciaron en la Corte por espionaje.

El Arzobispo Florence Conry (Flaithrí Ó Maolconaire), un personaje muy influyente del grupo de exiliados, escribió al Rey informándole de que era posible que dicho caballero, hábil y astuto, estuviese llevando a cabo acciones «de serio deservicio a Vuestra Majestad, a Dios y a mi nación». La carta tiene fecha de Abril de 1618. En Mayo de aquel año el Consejo de Estado recomendó no confiar más en John Bathe, pero aún no se había tomado ninguna medida concreta contra él, cuando Felipe O’Sullivan, en defensa de su pariente ofendido, se batió con él junto al convento de Santo Domingo de Madrid.

«Desde el principio del combate, Bathe estaba aterrorizado y daba grandes voces, constantemente cedía terreno y Felipe le hirió en la cara con un golpe y lo habría matado de no ser porque Edmund O’Moorey Gerald mac Morris, que habían sido enviados por O’Sullivan, con dos caballeros españoles, lo protegían, y proque Felipe fue entonces arrestado por un oficial de la Justicia.»

El relato del propio Felipe O’Sullivan, se vuelve novelero como la escena de capa y espada que es:

«Se juntó una turba de gente de todos lados y, entre otros, vino O’Sullivan Beare, que llevaba un rosario en la mano izquierda y los guantes en la derecha. John, al verlo desprevenido, que no se daba cuenta del peligro y que miraba hacia otro lado, se abrió paso entre la multitud y lo acuchilló por el hombro izquierdo y el cuello, matándolo. Felipe forcejeó con el oficial de la ley, se escapó y se escondió en casa del embajador de Francia, el Marqués de Seneccia. John fue puesto en prisión con su pariente Francis Bathe y con O’Driscoll, pariente de Felipe, que estaba presente en la pelea.»

El funeral por Dónal O’Sullivan tuvo lugar en el mismo convento a día siguiente. Quien pagó los gastos del mismo fue ni más ni menos que Diego Brochero, el almirante que había llevado la flota española a Kinsale.

A mediados del siglo XVII se pierde la pista de Felipe O’Sullivan. Parece que, según una carta dirigida al Marqués de Ormond, murió en 1660, dejando una hija adolescente y una hermana, recluída como monja en un monasterio.

En todo caso su obra, recuperada hoy día en papel y en virtual, queda como testimonio de tan interesante personaje hiberno-español. Hablaremos de esa obra escrita más adelante.

(Según parece, el convento de Santo Domingo de Madrid desapareció cuando la Desamortización. Así que los huesos de Dónal Cam ya forman parte de (la capital de) España.

******************* (continuará)